ESTOY TOCANDO TU PUERTA

Por: Hazzam Gallego

Estoy tocando tu puerta.
Porque sé que me necesitas.
Porque te observo cuando te miras al espejo y dudas…
Dudas de ti. Dudas del futuro. Dudas de si podrás más.

Pero hoy te digo algo con todo mi amor:
mírate… estás de pie.
Sí, aún de pie.

Aunque cansado, agotado, perturbado, confundido, desconfiado, triste y tal vez con el corazón roto… pero aún estás de pie.
Yo lo sé.
Yo te veo.
Yo te escucho.
Yo te siento.

No escondas más ese corazón que Yo mismo formé en ti.
Ese corazón que ha amado, sufrido, fallado, pero sigue latiendo…
porque Yo soy quien lo sostiene.

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”
(Salmo 51:17)

No reprimas tus lágrimas.
Yo también fui herido.
Yo también fui traicionado.
Fui escupido, azotado, crucificado.

Y lo hice por ti: por tus hijos, por tu padre, por tu madre, por tu esposa, por todos los que amas. Me entregué sin reservas.

Y hoy vuelvo a tocar tu puerta:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”
(Apocalipsis 3:20)

Sé que has pensado en rendirte…
Sé que incluso me has preguntado en silencio:
“¿Dónde estás, Señor?”

Y aunque no me veas,
he estado allí:
en cada noche en vela,
en cada lágrima que escondiste para que nadie te viera.

He caminado a tu lado en los silencios más duros
y lloré contigo cuando creíste que ya nadie lo hacía.

No te sientas excluido.
No todos quieren conocerme.
Algunos dudan que existo.
Otros simplemente no desean saber nada de Mí.

Pero tú… tú sabes que Yo estoy.
Y aunque creas que tu situación no tiene solución…
sí la tiene.

“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en Él; y Él hará.”
(Salmo 37:5)

Y no,
no eres un error.
No estás olvidado.
Eres mi hijo.

Y aunque el mundo te haya etiquetado con fracasos,
Yo aún te llamo por tu nombre.

“Antes que te formase en el vientre te conocí,
y antes que nacieses te santifiqué.”
(Jeremías 1:5)

Yo te formé.
Yo te vi cuando nadie más lo hacía.
Y mi amor por ti no cambia con tus errores.

No estás solo en este proceso. Mira a los que te precedieron:

José fue vendido, humillado, olvidado… y Yo lo levanté.
(Génesis 50:20)

Job lo perdió todo… y Yo lo restauré.
(Job 42:10)

David fue perseguido, pecó, cayó… y aun así lo llamé varón conforme a mi corazón.
(Salmo 34:18)

Pablo sufrió por predicar… pero jamás fue desamparado.
(2 Corintios 4:8-9)

¿Ves que no es fácil?
Ven a Mí.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
(Mateo 11:28)

¿Sabes por qué aún estás de pie?
Porque Yo te he sostenido incluso cuando tú ya no podías.
Porque te he dado fuerzas cuando creíste que no dabas más,
porque te di amor cuando todos lo negaban.

“Aunque mi padre y mi madre me dejaran,
con todo, Jehová me recogerá.”
(Salmo 27:10)

Voy a limpiar tus lágrimas.
Voy a sanar tus heridas.
Voy a calmar tu tormenta.

No prometo que no lloverá…
pero te prometo que caminaré contigo bajo la lluvia.
Y cuando caigas, no gritaré… te levantaré.

Aquí estoy, frente a tu puerta.
¿Me dejas entrar?
No la forzaré.

Solo dime:
“Sí, Señor… entra.”

Y haré lo que tú ya no sabes ni cómo pedir.

Sobre el autor:

Deja un comentario

Busca columnas por autor

Deja un comentario