METÁFORA DE LAS CASUALIDADES

Por: Danny Herrera

No fue el viento.
Fue el destino travieso, escondiéndose detrás de cada momento.

No fue solo tu risa,
fue algo más profundo…
como si mi alma ya reconociera ese sonido
desde antes de saber tu nombre.

Las calles no se cruzan porque sí;
hay hilos invisibles que nos guían,
puntada tras puntada,
uniendo pasos que caminan distraídos,
sin imaginar que van hacia alguien.

Éramos dos puntos lejanos,
perdidos en el inmenso y confuso mapa del mundo,
y la vida —paciente y silenciosa—
decidió acercarnos despacio,
como quien borda con cuidado
una historia que quiere que dure.

Las coincidencias no son suerte lanzada al aire;
no son azar caprichoso.
Son cartas escritas en secreto,
con tinta que solo aparece
cuando el corazón está listo para leerlas.

Tal vez nunca fue casualidad.
Tal vez el universo solo sonreía en silencio,
haciendo espacio entre las estrellas,
acomodándolo todo sin que lo notáramos,
para que un día, sin darnos cuenta,
nuestros nombres aprendieran
a decirse juntos,
como si siempre hubieran pertenecido al mismo suspiro.

Sobre el autor:

Deja un comentario

Busca columnas por autor

Deja un comentario