Por: Michael David Durán Rodríguez
Te imagino recorrer la carretera en la bicicleta de plata;
mi sombra debería ir junto a la tuya.
Te imagino en templos antiguos, enseñando leyes;
mis ojos de estudiante deberían estar atentos a tus lecciones.
Vamos a recorrer museos y alamedas;
veremos los nidos de las estrellas,
colmenas de canciones,
enjambres de risas.
Tengo nuevos ojos: ahora miro al cielo sin miedo;
veo los árboles y los poemas
en la distancia.
Sabes que aquí están mis manos
para sostener las tuyas,
para ser ineludible caricia,
soporte y tibieza.
Llévame contigo, en el viaje de ida y de regreso,
en tus recuerdos,
sobre tu pecho,
como un minúsculo tesoro brillante.
Sobre el autor:
Busca columnas por autor
Deja un comentario