DONDE YA NO ESTAMOS

Por: Naili Bautista

En un banco de risas compartidas,
solían sentarse dos almas sin prisa.
Una hablaba con el sol en la voz,
la otra tejía silencios con hilo de flor.

Fueron abrigo en días de viento,
refugio en medio del desconcierto.
Y aunque el tiempo no prometió eternidad,
lo que hubo fue real, sin necesidad de más.

Luego, sin culpa ni estruendo,
la cercanía se volvió recuerdo.
Ella encontró nuevos caminos,
y yo aprendí a caminar los míos.

No hubo traición, solo cambio de estación,
como hojas que caen sin pedir perdón.
Y aunque a veces duele la distancia,
no hay sombra de rencor en mi esperanza.

Hoy sigo adelante, pero a veces,
cuando el día se viste de silencio,
me encuentro pensando en aquellas tardes
que ya no volverán, pero que no se han ido.

Porque hay amistades que no mueren,
solo se guardan en rincones del alma,
como cartas que ya no se escriben,
pero que nunca se dejan de leer.

Deja un comentario

Busca columnas por autor

Deja un comentario