ME SIENTO CANSADA

Por: Annie Smith

“No siempre se trata de seguir… a veces el alma solo pide una pausa y un abrazo propio para volver a respirar.” – Annie Smith.

Hoy quiero abrir mi corazón más de lo habitual y reconocer algo que a muchos nos cuesta aceptar: me siento cansada. No hablo de un cansancio físico, sino de ese que pesa en el pecho, que te hace sentir que cada paso cuesta el doble, que una parte de ti se está rindiendo silenciosamente. He cometido errores… y no voy a negarlo: me los he reprochado una y otra vez. Me castigo quizá más de lo que debería, como si yo no tuviera derecho a fallar. Pero todos fallamos. Todos.

Como dijo Carl Jung: “Quien mira hacia afuera sueña; quien mira hacia adentro despierta.” Y cuando miro hacia adentro, me doy cuenta de que no me cansa tanto el error… sino la forma tan dura con la que me hablo después de cometerlo.

También hay otro monstruo que me quita energía: el rencor. Siento que a veces me abraza tan fuerte, que me termina ahogando a mí más que a las personas que me hicieron daño. Y lo peor es que cuando uno guarda rencor, deja de hablar, deja de confiar… construye una muralla que supuestamente le protege, pero que en realidad le aísla.

¿Y entonces qué se hace cuando uno ya no sabe qué hacer con lo que siente? Tal vez lo primero es reconocerlo. Y lo segundo aunque suene raro abrazarlo. No podemos seguir exigiéndonos ser perfectos cuando estamos hechos de carne, emociones y recuerdos. Perdonarse también es un acto de valentía.

Como decía Epíteto: “No son las cosas que nos pasan las que nos dañan, sino la forma en que las interpretamos.” He aprendido que no es malo cansarse. Lo que sí puede hacernos mucho daño es quedarnos en ese cansancio sin pedir ayuda, sin hablar, sin darnos un respiro. Porque uno no siempre tiene que ser fuerte. A veces también está bien decir: “Hoy no puedo más… pero mañana lo voy a intentar otra vez.”

Y con respecto al rencor… qué difícil, ¿no? Uno cree que guardarlo es protegerse, pero al final es como caminar llevando una piedra gigante en la espalda. Soltar no significa justificar lo que nos hicieron, significa liberarnos de esa parte del pasado que no tiene por qué seguir quitándonos energía en el presente.

Hoy te hablo desde mi propio corazón cansado, y también desde la esperanza que todavía me queda. Porque en el fondo sé y quiero que tú también lo sepas que nuestra historia no termina en un mal día. Que cada error puede convertirse en una lección. Que cada herida puede volverse cicatriz… y que las cicatrices también cuentan historias de superación.

Como dijo Hermann Hesse: “El verdadero amor hacia uno mismo empieza cuando dejamos de atacarnos por nuestros errores.” Así que hoy, me permito sentirme cansada… pero también me permito levantarme con más ternura hacia mí misma. Me permito hablar cuando algo me duele, confiar poco a poco, y recordar que mi corazón por más golpeado que esté todavía tiene una luz inmensa por entregar.

Y si tú que estás leyendo esto te sientes igual, te abrazo desde aquí. No estás solo, no estás sola.

  • No te castigues más por ser humano.
  • No permitas que el rencor te quite la paz.
  • Y recuerda: hay días en los que lo más valiente que puedes hacer… es seguir intentando.

Annie Smith

Sobre el autor:

Columnas recientes

Ver todas las columnas →

Deja un comentario