Columna elaborada por Luis Ángel Laguado

A inicios de la semana pasada, circuló un video por redes sociales que evidenciaba, según muchos, una supuesta infidelidad del presidente Gustavo Petro con, dicen unos, una mujer de Manizales; otros más atrevidos dicen que la supuesta infidelidad es con un hombre que se realizó reasignación parcial de género. Los promotores de la nueva identidad de género alzarán la voz y dirán que el término usado no es correcto, pero no pienso llamar mujer a quien nació biológicamente siendo hombre. En todo caso, resulta curioso que la prensa, más allá del escándalo de un lado u otro, no ahondó en el tema de manera noticiosa. Fueron las redes sociales y las bodegas de un lado y otro las que afirmaban o desmentían la situación. Luego, con el pasar de los días y sin que la cosa prosperara del todo bien para ninguna de las partes, el mismo presidente, mediante un trino en su cuenta de X, dijo: “Siempre he considerado que la intimidad es la «última ratio» de la libertad, la última trinchera del ser libre, y conservaré este principio hasta que escriba de mí mismo o muera” y continuó el mensaje alzando la bandera del progresismo y la defensa de las minorías sexuales para concluir “Yo soy heterosexual”, sumando unas palabras adicionales. Posterior a eso y a lo largo de todo ese revolcón surgieron los memes y luego vinieron los nombramientos de ministros, anunciados con días de anterioridad y especulados desde hacía rato. Norte de Santander ganó inicialmente el Ministerio de Transporte, que ya se venía especulando en ciertos círculos muy cerrados, y luego ganó también el Ministerio del Interior, que se especulaba con mayor ahínco a voz abierta, pero que los enrevesados en política negaban, tal vez como una estrategia personal para no asumir esa contradictoria situación, tal vez para mantener el secreto a voces hasta que fuera noticia. En todo caso, el rumor terminó siendo cierto y el nombramiento de Juan Fernando Cristo como ministro del Interior fue un hecho en horas del mediodía del pasado 3 de julio, y allí la opinión pública entendió que la revolcada no fue en Panamá como muchos sugirieron en redes sociales, sino en el gabinete ministerial y la constituyente como un acuerdo nacional, se dejó claro horas más tarde. Es un compromiso del entrante ministro y puede considerarse un hecho.

Saliéndonos del tema nacional y siguiendo con el ajetreo correspondiente de las revolcadas propias de nuestra condición humana (que no son noticia, aunque muchos lo pretendan, así como aquí tampoco son noticia en el departamento las escandalosas revelaciones de Daniel Coronell en su columna cada domingo), algo que urge en el departamento es una revolcada seria a los procesos engavetados en la Procuraduría, la Contraloría y la Fiscalía. Y de paso, ya que la Corte Suprema estuvo sesionando estos días en la ciudad de Cúcuta, deberían pegarse una revolcadita en los procesos que William Villamizar tiene delegados en dicha corte para que avancen, porque no podemos esperar 20 años como les sucedió a los guajiros con un fallo en contra del exgobernador Álvaro Cuello Blanchar, ni mucho menos seguir celebrando entre dientes (porque lo que pasó esta semana es una atroz burla, venirse a Norte de Santander con pompa y sorna para solo darnos la noticia de que se inhiben de investigar el origen de la maleta de los 200 millones que cargaba Wilmer Guerrero en su carro en las pasadas elecciones, y darle voz a afirmaciones mañosas que se caen por su propio peso, no tiene precio). ¿Será que los magistrados vinieron a revolcarse en un hotel muy famoso que queda en Chinácota y esa es la verdadera razón de su viaje a tan apartados territorios de sus habituales salas de casación penal? ¿Es este un matrimonio variopinto en donde nuestros políticos regionales emparentan sus intereses con los de los magistrados de las altas cortes? ¿Después de esta visita avanzarán los 8 procesos activos delegados en la Corte Suprema de Justicia que cursan contra William Villamizar y su socio Wilmer Carrillo, o eso fue realmente lo que vinieron a cuadrar? ¿Dirán los magistrados lo mismo que Wilmer Guerrero sobre el domiciliario que, al parecer, es el que cuadra las vueltas del gobernador en Bogotá? Hacer preguntas teóricas parece ser la única opción mientras tengamos capacidad de opinar. En todo caso, en el departamento, el cambio parece tardará en llegar y eso lo tiene bien claro José Luis Duarte “Chelly junior”, quien salió esta semana a inaugurar las remodelaciones contratadas para la plaza de mercado de Chinácota, mientras el actual alcalde miraba abstraído desde las sillas, como cualquier espectador (en la luna), como su jefe se jactaba de seguir dando órdenes y seguir siendo el que manda en ese municipio por la sencilla razón de que es el hermano del socio de los dueños de la montaña, a la que dicen los Chitareros quieren construirle una entrada con teleférico y todo, devorándose una importante reserva forestal en el Instituto Técnico Agropecuario de Chinácota, con la excusa inicial de construir un patinódromo que es la puesta inicial de un complejo deportivo sin parangón. Norte de Santander parece ser un departamento empeñado por los familiares y socios de William Villamizar. Ya el Coronell nos ha venido informando oportunamente quiénes son y qué papeles tenía Jaime Vásquez para revolcar las cosas a nivel político por acá en la tierrita, mano. Lo que no nos ha informado es que en lo que va corrido del año y haciendo una revolcadita sin mucha intención, se entera uno de que en la cúpula chata se han gastado hasta el 31 de mayo más de 160.000 millones de los cuales solo 6000 millones, mal contados, se han invertido en temas fundamentales como seguridad, frontera, cultura, medio ambiente, agricultura y postconflicto. Eso es menos del 5% del presupuesto ejecutado hasta la fecha. Pero calma, nuestro gobernador, por amor a nuestra gente, está haciendo las cosas bien. ¡Las de él, claro está! ¡Seguir callando por temor a perder un plato de comida no puede ser la opción de la prensa nortesantandereana, seguir guardando silencio por puro miedo tampoco! La plata en el departamento se desaparece y lo seguirá haciendo si nadie reclama. ¿Esperar la bala de parte de los mega contratistas es la única opción que nos queda a los que no queremos callar? Es tal vez momento de entender que hemos estado mal gobernados durante los últimos casi 20 años y que la plata que el gobierno nacional, en cabeza de Gustavo Petro, envíe a Norte de Santander tal vez termine en manos no muy santas. El ministro TIC, Mauricio Lizcano, anunció hace pocos días en un multitudinario evento en Cúcuta una inversión por 55.000 millones para este año, pese a que la gobernación en lo que va corrido solo ha invertido en ese rubro un poco menos de 600 millones, es decir, el 1%, cifra que demuestra el poco compromiso con la conectividad a nivel departamental. Amanecerá y veremos, dijo el ciego, aunque todos en Norte de Santander parezcan estarlo y no vean al rey desnudo. ¿Tendremos entonces que pegarle entre todos los electores una revolcadita, ya que está empeloto, o la justicia por fin nos dará resultados muy pronto? ¡Amanecerá y veremos, dijo el ciego nuevamente!


Sobre el autor:
LUIS ÁNGEL R. LAGUADO Coproductor y guionista en Subversite. Publicista, mercadotecnista y consultor de negocios PYMES. Ciudadano político, disidente y detractor.
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