MI PARTICIPACIÓN EN LA OPERACIÓN «JAQUE»

Por: El Sobreviviente

El pasado martes 2 de julio de 2024 se cumplieron 16 años de la gran hazaña por parte de las fuerzas militares de Colombia, que devolvieron a la libertad a 15 secuestrados que se encontraban en poder de la extinta guerrilla de las FARC, a través de la célebre y polémica Operación Jaque. El grupo de secuestrados estaba conformado por la excandidata presidencial Ingrid Betancourt, tres ciudadanos estadounidenses y los demás eran militares, que llevaban muchos años en cautiverio.

He tenido el privilegio de ser contactado por una fuente humana que asegura haber participado en la mayor operación militar en la historia de Colombia. Su relato es convincente, ante la narración de sucesos que pueden ser corroborados, y su único interés es reafirmar la veracidad de la operación, ya que muchos han querido restarle crédito, asegurando que todo obedeció a un montaje orquestado por el propio gobierno de los Estados Unidos, en asocio con el gobierno colombiano y la colaboración de los comandantes de las exFARC responsables del cuidado de los secuestrados.

Inicia el relato.

El viernes 27 de junio, sobre las 02:00 p.m., me llama el actual Brigadier General Óscar Eduardo Vera Peláez, hoy en uso del buen retiro. Me dice: “Hermano, tome un avión y véngase para Bogotá ya. Por más tardar debe estar aquí mañana a las 07:00 a.m.” Le respondí: “Mire, a esta hora ya no consigo vuelos. Lo único que puedo hacer es comprar un pasaje de bus para las 05:00 p.m.; contando que gaste 16 horas desde el lugar en donde me encuentro hasta la ciudad de Bogotá, llegaría mañana a las 09:00 a.m.” Vera me respondió: “Bueno, hágale.”

Llegué a la terminal de transporte y compré el pasaje, con hora de salida a las 05:00 p.m., con destino a la ciudad de Bogotá, pero todo parecía que esta vez no me acompañaba la suerte, ya que me tomó un trancón en La Dorada, lo que produjo un retraso en mi horario de llegada, el cual se dio sobre las 07:00 p.m. del día posterior (sábado 28 de junio de 2008). Al llegar a la terminal de transporte terrestre de la capital del país, fui recibido por el Brigadier General Vera, que para entonces tenía el grado de mayor; junto con su conductor, me ubicaron en un motel de la ciudad para que descansara.

Al siguiente día (domingo 29 de junio de 2008), me llama Vera muy temprano y me dice que me aliste, que vamos a desayunar, y a la vez me va a presentar a alguien. A los pocos minutos, ¡vaya sorpresa! La persona a la que se refería era nada más y nada menos que el Sargento Yance Navarro, a quien se le conocía en RIME1 como el Negro Thomás. Nos saludamos muy cordialmente y Vera manifestó: “Se completó el equipo.”

Después de tomar el desayuno, nos dirigimos nuevamente al motel, donde Vera me hizo la propuesta de una manera ilustrada. Muy al estilo de una serie de caricaturas animadas, se refería a que nosotros éramos unos gatos, pero unos ratones malos habían secuestrado a unos compañeros gatos, y nosotros haríamos las veces de ratón para rescatar a nuestros compañeros gatos.

Le manifesté: “Sea más preciso.” Él me respondió: “Confórmese con esa ilustración y con el Negro Thomás, ustedes cuadren su libreto.”

Al salir del motel, a la hora de retirar mis pertenencias, bromeamos en la puerta: “¿Qué pensarán los empleados del motel luego de ver permanecer por horas a tres hombres encerrados en una pieza, y para colmo de males, con el negro?” Risas.

El lunes 30 de junio de 2008, trabajamos en la construcción de nuestro libreto. Es ahí donde Vera me dice de qué se trata: “Mire, es una misión donde vamos a entrar a un campamento guerrillero, y usted va a llevar unas fotografías y unos CD de un computador que le quitamos a la gente del bloque Caribe de las FARC. El CD contiene las imágenes del sepelio de Efraín Guzmán, miembro del secretariado de la agrupación armada. Usted les va a decir que lo envió Iván Márquez, y desde luego que le van a creer. Le voy a poner este ejemplo: si usted me dice que viene de Santa Marta y no trae nada de allá, yo lo puedo dudar, pero es muy diferente si usted me dice que viene de Santa Marta y a la vez trae una camiseta blanca con una imagen que dice ‘Yo amo a Santa Marta’. La imagen habla por sí sola.”

Al igual me dice que necesitan de mí para que les asesore sobre el comportamiento y vestimenta que se deben usar frente a los guerrilleros. Yo les sugerí sobre el vestuario y otras cosas que se deberían llevar, que a los guerrilleros les gusta (libros sobre revolución y periódicos, especialmente de Cuba y Venezuela). Los tres nos dirigimos a una librería en el aeropuerto internacional El Dorado, buscando libros sobre la vida de Hugo Chávez y el periódico Granma de Cuba.

Se compraron algunos diarios y continuamos con la construcción de historias. Al igual, me revelaron que había otro integrante de la RIME1 y que conmigo seríamos tres las personas procedentes del Caribe que conformarían el equipo. Se trataba de un teniente del ejército para la época, a quien le decían Alejandro o Velandia.

El martes (1 de julio de 2008), los teléfonos tanto de Vera, Yance Navarro y hasta el del coronel Chacón estaban apagados. Se me hizo extraño. Pasé todo el día pendiente. Al siguiente día (miércoles 2 de julio de 2008), en horas de la tarde, mientras iba en un taxi, veía ondear las banderas y escuchaba la música de nuestro himno nacional. El taxista puso la emisora y me enteré del resultado de la operación.

En la noche me llamó el sargento Yance Navarro y me dijo: “Marica, si hubiera ido, se hubiera llenado de gloria.”

El día 4 me entrevisté con Vera. Me hizo entrega de un millón de pesos y con eso regresé a mi ciudad de origen.

Por último, recibí un mensaje por escrito de parte del coronel Chacón Donoso (o Don Miguel): “Mijito, muchas gracias y dígale a su familia que usted aportó un grano de arena en la construcción de la paz de este país.”

Ya de regreso a casa, llegó hasta mi residencia un capitán que le decían Gonzalo o Trujillo. Me dijo: “Siento celos de usted, ¿cómo es posible que con más de 250 mil hombres con que cuenta el ejército hayan llamado a un civil a hacer parte de esta operación?”

Entre promesas y ofrecimientos, resulté perseguido y oculto en el más completo anonimato, solo esperanzado que delitos como el secuestro, cometido por los grupos armados, al igual que la utilización involuntaria de civiles por parte de los agentes del Estado en Colombia, sean solo un mal recuerdo en la historia oscura de la violencia en nuestro país.

Sobre el autor:

SOBREVIVIENTE Apasionado luchador contra la corrupción, implacable ante las malas prácticas y defensor de la justicia. Comprometido en promover la transparencia y fortalecer instituciones éticas para el bienestar público.

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