JADE Y ORO

Por: Michael David Durán Rodríguez

Mis largos días de burócrata
con el teclear que reemplaza mi voz y mi mirada.
Mis pasos entre los árboles dormidos
y los secretos de la noche que negocia con sombras.

La taxonomía gris de mis pensamientos,
todo lo que soy bajo mi máscara:
este relincho de unicornio perdido,
esta hambre de duende, esta sed de vampiro.

Todos mis arquetipos y paradigmas,
todo desaparece cuando me miras.
Y bailo, vuelo, caigo, salto,
y cuando tu boca lo pronuncia,
mi nombre se torna un canto.

El universo resplandece en tu iris de jade y oro.
Veo los milagros, las canciones y las constelaciones.
El fuego de tu fe, el océano de tu justicia.
Soy el ave que duerme sobre tu pecho.

Tus pupilas contienen montañas de otros mundos
y todos los instantes de la eternidad.
Tus ojos, que irradian el valor de la libertad,
la luz de la justicia y el galope de las estrellas.

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