CICLO VITAL

Por: Jean Carlos Arenas Parra

«Es el olvido, puerta siempre abierta

que nadie sabe cuándo se atraviesa”.

-María Mercedes Carranza

Primero, está la emoción del encuentro.
Seguida de las ansias locas
de descubrir otro mundo distinto al tuyo,
las conversaciones interminables,
las risas, las despedidas postergadas,
las historias que se van tejiendo
mano a mano, café tras café, labio a labio.
Y un día, sin pensarlo ni esperarlo,
nos supimos reales, imperfectos.
A lo mejor no supimos qué hacer
ante nuestras verdaderas presencias.
Y, de repente, lo asombroso
se hizo parte del paisaje
y empezó a dar lo mismo estar que ausentarse.
Siendo dueños de una misma historia,
de repente nos volvimos un par de extraños
y ni aún apelando a los recuerdos
nos salvamos del inventario de lo que ya no es:
ya no había razones
para tratar de reconstruir los puentes rotos,
ya no había palabras nuevas
para avivar las viejas conversaciones,
ya no había sonrisas vivas
más allá de las que habitan congeladas en las fotografías,
ya no había silencios cómplices
y, en cambio, solo habitan los reproches
y un estruendo silencioso
(ese que no grita, pero arrasa con todo)
borrará, a pedazos
y sin besos de despedida,
lo que un día fuimos,
en lo que un día creímos.

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