«Aunque es domingo, día de descanso, bajo mis costillas continúa el movimiento de un día laboral». -Wislawa Szymborska
Otra vez domingo. Otra vez el calendario se desprende de su usual caos de siete días y aquí adentro, el tiempo cae a cuentagotas resistiéndose a morir. Algunos saldrán a otros paisajes, dejando atrás su geografía cotidiana, tratando de respirar algo de aire, de paz antes de experimentar nuevamente el ritmo agitado de una nueva semana entre transacciones, rostros que vienen y van, el ensordecedor ruido de las calles y el mismo deseo clavado en el ventrículo izquierdo de que regrese el domingo otra vez y la eterna súplica (nunca dicha ni admitida) de poder sobrevivir hasta el próximo.
En lo que a mí respecta, desde mi parcela del cosmos me dedico a ser yo de nuevo, y entre el tedio y el silencio solo dejo que mi materia se recree sin sobresalto alguno y en la pausa de cada sorbo de un café sin prisas y con una de azúcar.
Por lo demás, podría decirse que es otro día laboral común y corriente debajo de mi pecho.
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