A los diez años, la vida era un cuento de hadas, Un lienzo en blanco donde sueños reinaban, Donde los anhelos solo pasaban de ser súper héroes, Los adultos, seres mágicos con poderes infinitos, Dueños de una libertad que solo queríamos tener.
Que sueño, ser adulto… Ya quería serlo, No tener que escuchar ordenes de mamá. Hacer lo que quisiera, vivir del oxígeno, De divertirme con amigos, sesgado de lo que significaba crecer.
Mas la cruda realidad, cual velo desgarrado, cual pesadilla profunda, Nos muestra la verdad, un mundo despiadado de alas rotas Los adultos, niños disfrazados de madurez, con alma aprisionada, Con la misma fragilidad, la misma vanidad, la misma mirada de querer comerse el mundo.
Luchando contra deudas, sueños rotos y anhelos frustrados, Atrapados en trabajos que se tornan amargos. Su poder, una ilusión, una máscara que se cae, sonrisas desvanecidas, Sus vidas, una jaula donde la esperanza se acalla, una prisión de sueños e ilusiones.
En la noche, en silencio, donde nadie los ve, Lloran las mismas lágrimas que a los diez años se vertían. Miedo a lo desconocido, a la soledad que acecha, a hundirse en sus pensamientos, A la responsabilidad que sus hombros no sospecha.
No hay magia en el mundo, solo la cruda realidad, Una batalla constante contra la adversidad. Los sueños se transforman en obligaciones y deberes, La libertad, un espejismo que se desvanece entre las nubes.
Y a pesar de la dureza, la vida sigue su curso, Con sus altibajos, sus momentos de sosiego y de furor. Los niños que crecieron, ahora con canas en el pelo, Siguen buscando el camino, con la esperanza de un cielo.
No hay adultos perfectos, solo seres humanos, Con errores y aciertos, con victorias y fracasos. La vida no es un cuento, es una lucha constante, Una montaña rusa de emociones, un viaje desafiante.
Aceptando la realidad, con su crudeza y belleza, Encontraremos la fuerza para seguir con entereza. Porque la vida, a pesar de todo, tiene un valor incalculable, Un regalo que debemos disfrutar con pasión inagotable.
Aunque ser adulto no es lo que pensaba a los diez años, Quiero seguir siéndolo, debo aceptar que crecí, pero abrazar en paz a ese niño, que soñó algún día, Comerse el mundo, y que el mundo no lo devorara a él.
Seguiré siendo un niño, con cuerpo de adulto, mente de anciano y sueños de joven.
Apoya a nuestros escritores donando en el siguiente link de VAKI:
Deja un comentario