A esta hora alguien desanda sus pasos de vuelta a casa con el cansancio a cuestas y unos cuantos billetes rebosando pan por los costados mientras algún criminal entre las sombras le espera con la muerte afilada entre los bolsillos. Un taxista recorre de arriba a abajo las calles dando inicio a una nueva jornada y en la esquina tres obreros ebrios lo esperan para continuar su etílica travesía de bar en bar. La novia a la que plantaron horas atrás se rehúsa a despojarse de la blancura de su desgracia y en algún hotel de tres pesos unos amantes recién conocidos fornican fingiéndose amor. Un suicida abraza desde el techo de su apartamento a la eternidad y desde alguna ventana un polvo blanco vuela en la brisa nocturna: alguien decidió salir de su noche interna y se deshizo para siempre del último fragmento de su tóxico paraíso químico. Un grupo de amigos en torno al fuego celebran la vida entre canciones desafinadas y vino barato, y desde afuera un olvidado por todo y por todos desde su aún impecable y solitaria mirada azul los contempla mientras en la basura busca la forma de sobrevivir una noche más en la fría selva de cemento. Alguien parte en el anonimato hacia las estrellas y en alguna sala de espera celebran con júbilo floreciente la llegada del primogénito. A esta hora, con tus ojos negros mezclados con la oscuridad y un llanto que se ha vuelto río, pides al cielo un milagro.
A esta hora yo, peleando a muerte contra el insomnio doy a luz a este poema mientras a lo lejos beso tus labios, abrazo tu dolor y me uno a tu plegaria.
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