LAS MUSAS DEL POETA

Por: Hazzam Gallego

Los poetas, seres de tinta y ego,
tejen versos con hilos de misterio.
Avaros de sus mejores poemas,
nos ocultan la verdad con recelo.


Eligen con pinzas las palabras,
desnudando la musa a medias.
Se guardan los detalles más preciados,
como un tesoro en una caja fuerte.


No revelan la inicial del nombre,
ni el color del vestido que lleva.
El aroma de su perfume se esconde,
en la bruma de la rima y la metáfora.


Las musas, siempre Sara o Mary,
nombres prestados para despistar.
En la realidad, son Marcela, Ana o Beatriz,
mujeres de carne y hueso que inspiran.


No quieren que las encontremos,
porque la musa es suya, y solo suya.
El poema, la poesía,
un amuleto que guardan con celo en su corazón.


Son magos de la palabra,
alquimistas del verso,
que convierten la vida en arte con sutileza.


Pero detrás del velo de la poesía,
se esconde un ego que busca brillar con su propia luz.
Son celosos de su musa,
la fuente de su inspiración,
la musa que les da alas para volar alto.


No quieren compartirla,
ni dejar que nadie la toque,
por miedo a que se pierda la magia del poema.


Pero la poesía es más que un juego de palabras,
es un canto a la vida,
a la belleza y al amor.


Y como tal, debería ser compartida con el mundo,
para que todos puedan disfrutar de su luz.
Poetas, abran las puertas de su corazón,
compartan sus musas con el universo.


Dejen que la poesía fluya libremente,
y que el mundo se llene de versos sinceros.

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