Por: Danny Herrera
Tu nombre sigue siendo
mi lugar seguro.
Tus manos aún me enseñan
sin levantar la voz;
tu mirada me inspira e instruye
mejor que cualquier regaño.
Eres raíz viva,
historia que respira,
fuerza tranquila
que no necesita aplausos.
Cuando el mundo se pone duro,
pienso en ti
y todo baja el volumen.
En tu forma de esperar
aprendí la paciencia;
en tu manera de amar
sin pedir nada,
entendí la lealtad.
Has visto pasar la vida
sin perder la ternura,
como quien sabe
que lo esencial
no necesita rejuvenecer.
Tu risa guarda memoria
de tiempos difíciles,
pero nunca se volvió amarga.
Me enseñaste que la templanza
también sonríe.
Mientras estés aquí,
el tiempo tiene sentido.
Porque hay un ser único e inigualable,
un alma inefable,
un amor incondicional.
Sobre el autor:
Busca columnas por autor
Replica a Edna espinosa Cancelar la respuesta