LA ESTACIÓN DEL TREN

Por: Naili Bautista

Estando en medio de la nada, en completa soledad y con temor todo el tiempo, sintiendo mi alma vacía y divagante, me encontré con una estación de trenes. Sin embargo, había solo dos destinos de abordaje: uno agradable y el otro no. No me decidía por cuál tomar, pues si me subía al de destino agradable tendría que dejar atrás muchas cosas que me «hacían sentir en plenitud, en mucha felicidad» para poder disfrutar al final del viaje. El de destino no agradable me permitía seguir haciendo todas esas maravillas. Tomé el tren del destino que no era bueno; después de todo, la vida se trata de hacer lo que nos gusta, pensé.

Después de mucho tiempo viajando en ese tren, recapacité y me dije: ¿Qué te pasa? ¿Por qué prefieres una felicidad temporal que se va a acabar en cuanto el tren llegue a la parada final? Luego vendrá la tempestad nuevamente, pero esta vez mucho peor: más dolorosa, más solitaria, más vacía, más lamentable. ¿Es esa la vida que quieres? Durante el viaje, nunca te has sentido realmente feliz. A pesar de que el tren va repleto de personas, te sientes mal, en una ausencia completa.

Salté de ese tren antes de que llegara a la estación final y, con el corazón roto y desesperado, suplicaba la oportunidad de subirme al otro tren. Esperaba que el conductor se apiadara de alguien tan mísero como yo. En ese momento lo anhelé más que nunca, y mientras estaba entre la angustia, ese tren frenó justo en medio de la nada, donde me encontraba yo. Abrió la puerta y me dejó entrar al vagón más lindo. Descubrí que en el otro tren todo fue mentira. Resulta que su conductor era un ilusionista que brindaba falsos momentos de felicidad a sus tripulantes.

En este nuevo tren, sentí una compañía inexplicable. Sentí que mi corazón fue abrazado cálidamente, sentí que era libre, completamente libre de toda esa tristeza con la que cargaba. Por primera vez me sentí diferente, especial. Y no solo eso: a bordo de este tren iban muchas menos personas en comparación al otro, pero todos eran felices, todos se apoyaban. Me pregunté el porqué, así que decidí ir a ver al conductor para conocerlo y agradecerle por haberme dejado subir.

Cuando llegué a la puerta de la cabina de manejo, escuché una voz que dijo: «Adelante, te estaba esperando. Sé que me quieres conocer». Cuando atravesé esa puerta, el conductor estaba de espaldas y me dijo: «Toma el sobre que está a tu lado». Al tomarlo, leí: «No me lo has preguntado, pero te responderé. Estás aquí solo porque, desde que te vi, te amé de una manera incondicional. No iba a permitir que alguien como tú se perdiera en ese mal destino que tiene el otro tren. Las otras personas que van en el otro tren también las estoy esperando; sin embargo, están más apegadas a la felicidad falsa que les brinda el servicio del otro tren. Piensan que el tren todavía tiene mucho por recorrer y que pueden disfrutar allá. Ahora que estás aquí, ten un buen viaje y disfruta con tranquilidad. Mientras no te bajes en ningún momento de este tren, te garantizo el mejor de los finales».

Esta es mi historia, y así fue como de ser cualquier viajero vagando y perdido, me convertí en uno exclusivo del lugar más maravilloso de todos. Siempre tenemos la oportunidad de cambiar el rumbo de nuestras vidas.

Ah, olvidaba decirles, si están cansados de viajar en tristeza, los invito a buscar la estación más próxima que tengan y esperar el tren. Se llama JESÚS.

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2 respuestas a “LA ESTACIÓN DEL TREN”

  1. definitivamente esto hará caer en cuenta a muchas personas que lo lean o escuchen, ya que por Medio de lo que está jóven escribió Dios tomo el control, que Gran vaso eres en la manos de Dios , Díos te bendiga.☺️☺️

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  2. Es profundo y hermoso 😍

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