Por: John Jairo Gelvis Galvis


Desde hace años, los jóvenes en Colombia han solicitado la gratuidad en la educación superior, comenzando desde las protestas de los años 70. Durante los gobiernos de Álvaro Uribe, se trabajó en ampliar la cobertura y aumentar el número de estudiantes en las universidades públicas y el SENA, pero aún no había gratuidad. Con Juan Manuel Santos Calderón, el programa «Ser Pilo Paga» le dio la oportunidad a estudiantes de bajos recursos de ingresar a universidades privadas del país. Sin embargo, algunos no lograron graduarse y se quedaron en el primer semestre, aunque una gran mayoría cumplió su sueño de terminar. Claro está que, en muchas ocasiones, los jóvenes no leyeron la letra pequeña: «Ser Pilo Paga» estaba vinculado al ICETEX, y si se retiraban, quedaban endeudados. En la época de Iván Duque, se creó «Generación E», un programa que destinó recursos públicos a las universidades públicas y no a las privadas, como alguna vez afirmó el rector de Los Andes, quien dijo que eran la universidad pública más grande de Colombia. Así, las universidades públicas comenzaron a recibir esas ayudas, pero llegó la pandemia en 2020. Todos los colombianos estábamos confinados, nadie producía, y menos las familias más pobres del país. Esas familias de estratos bajos, que representan el 75% de la población de bajos recursos en los estratos 1, 2 y 3, no tenían cómo pagar una matrícula de $800.000 ni siquiera una de $100.000. Las universidades públicas alertaron sobre una deserción de hasta el 60% de sus estudiantes. Por ende, el gobierno de Iván Duque implementó la política de gratuidad en el segundo semestre de 2020, que abarcaba a todos los estudiantes universitarios de las universidades públicas del país. En ese momento, no importaba la edad para ser parte de este programa.

Con el paso del tiempo y el regreso a la presencialidad tras la educación virtual, ya con una reactivación económica en el país, la política de gratuidad cambió: se estableció un rango de edad de 14 a 28 años. Comenzaron a surgir afectados por esta política de Duque. Posteriormente, cada año hubo cambios en la política de gratuidad, como la exigencia de tener Sisbén de niveles A, B, y C para poder acceder a la gratuidad. Con el cambio de gobierno, se mantuvieron las medidas tomadas por el gobierno anterior de Duque. Se prometió la creación de nuevas universidades y 500.000 cupos. Sin embargo, han pasado dos años y no se ha avanzado en la creación de universidades ni en el aumento de cupos. Esos cupos se refieren a la cobertura, y todas las universidades del país presentaron un plan de cobertura para aceptar a los estudiantes que el presidente prometió. Ya han pasado tres ministros de educación, y no se ve claridad en este tema. Además, las nuevas universidades han enfrentado problemas, como la Universidad del Catatumbo en El Tarra, que no cuenta con acueducto, alcantarillado ni carreteras de fácil acceso. Estas propuestas han resonado en esa región del país, pero la falta de gestión del primer presidente progresista ha decepcionado a la población. Ahora, esa población del 2022, que eran jóvenes de 15 a 24 años, un grupo poblacional conocido como los NINI (ni estudian ni trabajan), ha terminado emigrando del país. Ahora, son la tercera fuente de ingresos para el Producto Interno Bruto (PIB), generando en junio remesas internacionales por valor de 1.000 millones de dólares, que estos jóvenes envían a sus seres queridos en Colombia. Las universidades públicas están en crisis por la disminución de estudiantes, ya que se ha evidenciado que el gran problema es el pago de la matrícula. A pesar de la gratuidad, no se ha generado el impacto positivo esperado. Además, la matrícula pagada por el gobierno nacional no ha servido para generar inversión en laboratorios, tecnología, ni en la construcción o remodelación de los edificios. La crisis ahora es más estructural que nunca.

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