Por: Jorge Enrique Meza

Les confieso que hablar de Constituyente es algo bastante tentador y no sólo porque es uno de los temas de moda, sino porque ha sido un tema que ronda en mi cabeza desde las épocas de la MANE, por allá en el 2011; pero a su vez es un tema algo complejo de abordar, no tanto por las discrepancias que suscita, sino por la variedad de temáticas que de allí se desprende y que lo hacen a uno correr el riesgo de irse por las ramas.

Fuente: https://manecolombia.blogspot.com/2013/04/sigamos-fortaleciendo-la-propuesta-de.html
En consecuencia y a fin de evitar una posible dispersión, en las líneas subsiguientes, solo abordaré un aspecto, que volvió a mi memoria después de escuchar a Álvaro Leyva: ¿Garantiza la Asamblea Nacional Constituyente (ANC)esa segunda oportunidad?
Álvaro Leyva dice que la ANC, es el instrumento por excelencia para garantizar pasar la página del conflicto social, político y armado que vive Colombia y que sería esta la manera de como ya ocurrió en Sudáfrica garantizarle al pueblo colombiano una segunda oportunidad y con esto dejar atrás los más de sesenta años de guerra (aunque, a decir verdad, nuestra vida republicana ha sido predominada por la guerra).
Colombia ha sido por excelencia un país de leyes, son tantas las leyes que son pocos los que las cumplen, por eso, no es de extrañarse que se considere que la paz se puede garantizar a través de un nuevo contrato social. Por eso, a lo largo de nuestra historia, el asunto de la Constituyente es un tema que ha estado sobre la mesa en todas las negociaciones de paz, o bien como Asamblea Nacional Constituyente o como Gran Acuerdo Nacional, y han sido múltiples las experiencias; en esa misma dirección; una clara muestra de ello, es la Constitución del 91, resultado de los procesos de paz “exitosos” de los 80-90, pero que a la postre no género paz, basta con recordar que desde esos tiempos hemos pasado por diferentes fases del conflicto, que han degradado el mismo a expensas de la sangre de muchos connacionales.
Pero si tenemos tantas experiencias porque seguimos en guerra, ¿Hay condiciones para que esta vez sea distinto?, la respuesta muy probable es que “no hay condiciones” y, sin embargo, el país no tiene otra salida. El neoliberalismo consagrado en la Constitución del 91 ha conducido a la nación a un callejón sin salida: corrupción, descrédito institucional, desigualdad, pobreza, violencia… en fin las siete plagas se quedaron cortas.
El establecimiento está en bancarrota y eso va más allá de si Petro es buen o mal gobernante, porque la crisis es estatal no gubernamental y en ese sentido nada más apropiado que una Constituyente, para “refundar la patria” y en eso coinciden todos (Vargas, Uribe, Petro y hasta Santos, aunque hoy dice que no), pero no se ponen de acuerdo.
Pero que la Constituyente sirva para refundar la patria, no es garantía de esa segunda oportunidad, incluso podría agravar la confrontación violenta; pero y entonces, si no tenemos otra salida y esa salida no es la garantía, ¿como logramos que si sea la garantía de esa segunda oportunidad? En relación a esto considero que la clave está en trascender de la idea de Asamblea Constituyente a Proceso Constituyente, es necesario que como pueblo nos declaramos en Proceso Constituyente, es decir que seamos protagónicos en la construcción de las soluciones a los problemas que nos aquejan.

Fuente: https://www.telesurtv.net/bloggers/Para-que-sirve-la-Constituyente-20170622-0001.html
Si logramos motivar al Constituyente Primario a intervenir, a construir y reorientar los destinos de la nación, tal vez logremos dejar de ser, como lo que decía aquella canción de mi infancia aquella “tierra de nadie donde hay ley, ni Gobierno” y seamos un estado-nación, que sea lo planteado en el plan nacional de desarrollo: una potencia mundial de la vida.
Y de ñapa. Las decisiones del Consejo de Estado respecto a las JAC y lo que ocurre con la ley estatutaria de la educación, son dos muestras claras de que los ajustes institucionales para una verdadera paz, requieren un nuevo marco constitucional que responda a los intereses nacionales y del pueblo y no a los intereses económicos de quienes pagan las campañas.
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