Columna elaborada por autoría de Álvaro Enrique Parada


Evocar la infancia y los paseos al río Chitagá, cerca de la hacienda Carrillo Don Alonso, sitio familiar que aún conserva la descendencia Villamizar, es narrar la historia de cuando el gobierno español concedió la autorización para construir el Puente Real por un valor de doscientos pesos. En 1756, el Rey de España, Fernando VI, autorizó el cobro del pontazgo a sus usuarios, y de generación en generación, hasta que el Señor Jorge Villamizar, en el año 1808, lo donó como puente común a la comunidad de Chitagá. Posteriormente, durante la campaña libertadora, se registra el paso de Simón Bolívar en 1820 y se le denomina como “Puente Bolívar”. No sin olvidar que fue testigo también de la Guerra de los Mil Días, registrada en Colombia entre el 17 de octubre de 1899 y el 21 de noviembre de 1902, entre liberales y conservadores. Fue declarado Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional, de acuerdo con la Resolución 0109 de 2005, esta construcción del siglo XVIII conectaba a Cácota con Pamplona. Era una de las estructuras de madera más antiguas de Norte de Santander, utilizada por los viajeros como un paso obligatorio por sus dimensiones aproximadas de 18 metros de largo y tres metros de ancho, que cruzaba las caudalosas aguas de la confluencia de los ríos Cáraba y Chitagá en la vereda Llano Grande.
Puente Real fue declarado como Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional de acuerdo a la Resolución 0109 de 2005, debido a su importante valor histórico.

La preocupación desde hace años por la situación de olvido que se suscitaba con el patrimonio arquitectónico colonial llamado “Puente Real”, llevó a solicitar jurídicamente la intervención del Estado a través del Ministerio de Cultura para que el municipio de Chitagá elaborara un proyecto de “RESTAURACIÓN” para obtener recursos y lograr preservarlo. Mediante una acción popular, compilando artículos periodísticos y citando legislación vigente para la petición, la cual fue declarada incompetente por el Juzgado Civil de Chitagá, y el Juzgado Primero Administrativo de Pamplona dio tres días hábiles para demostrar que es un bien patrimonio de la Nación y no admitió la demanda, actos fechados en julio y septiembre de 2020.



No obstante, estas actuaciones, junto con las de muchos otros ciudadanos, lograron que el departamento Norte de Santander obtuviera autorización junto con el municipio de Chitagá para intervenir el cauce del río, dragándolo para contener con el mismo material las orillas aguas arriba y apoyar con refuerzo metálico la parte inferior del puente, en septiembre de 2020. En trabajos que no “RESTAURARON ni REPOTENCIALIZARON LA ESTRUCTURA ANTIGUA”, reemplazaron maderas dañadas y estabilizaron de la inminente socavación de la fuente hídrica al ser alterada su cota hidráulica para que no sucumbieran los estribos o apoyos en los extremos del mismo, como finalmente sucedió el pasado 4 de junio de 2024 con una crecida súbita, producto del inicio de la temporada invernal en la región.




Técnicamente, des-colmatar un río es aumentar la sección hidráulica y reducir la rugosidad, con la finalidad de que los caudales máximos circulen sin desbordarse y con una mayor velocidad, pero para esto se modifica y altera la morfología construida por el propio río, rompiendo su equilibrio dinámico. Además, no se debe intervenir en el cauce sin haberlo estudiado y analizado antes, con el fin de no alterar ni modificar bruscamente su morfología fluvial.




La destrucción del Puente Real es una pérdida irreparable del patrimonio cultural y de la identidad nortesantandereana, que dejó de existir por la poca importancia que le dieron la administración municipal y los entes encargados. Hoy, nos quedamos sin un símbolo de lo que nos convertía en nortesantandereanos.
ENLACE DE CONVERSACIÓN CON CONCEJAL HOY ALCALDE YORMAN SUAREZ

Como dijo el gran GABO: «Crónica de una muerte anunciada…». Desde hace años se había solicitado la intervención al municipio mediante acción popular al Juzgado de Chitagá, quien se declaró «no competente…». Entonces, ¿qué autoridad judicial está a cargo en esta municipalidad para obligar a cumplir deberes y derechos patrimoniales de 200 años de historia? Es entonces cuando se escribió un derecho de petición al Ministerio de Cultura, al ser Puente Real un bien colonial. Este respondió que se requería para su intervención la presentación de un proyecto de restauración por parte de la administración municipal para su aprobación por ellos. Se gestionó con la Gobernación un movimiento de tierras aguas arriba y abajo, con un «aparente reforzamiento metálico por debajo de la estructura para evitar que continúese el pandeo mostrado en la misma…». Jamás se pensó en restaurarlo como este término describe, que es desarmarlo para volverlo a apoyar sobre estribos resistentes y así reemplazar todas las piezas de madera podridas por nuevas. Por el contrario, Puente Real fue dejado al abandono y es el deterioro con el tiempo lo que cobra su indolencia. Hoy, 4 de junio, después de tantas otras crecidas recias, las confluencias de los ríos Chitagá y Cáraba se llevaron este paso emblemático de la memoria chitaguense, que no resistió más la total desidia de las anteriores administraciones y la falta de pertenencia de la misma comunidad, que no exigió a sus gobernantes una intervención que hoy lamentamos.


Más información:
https://www.laopinion.co/region/gobernacion-destino-recursos-para-proteger-puente-real

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