Una abuela, una torta y yo.

Por: Chavelly del Pilar

Algunos días son más oscuros que otros, unos más largos y otros menos furtivos. Era lunes y ya había emprendido la semana con las funciones modernas: Trabajar, estudiar, existir, intentar ser alguna cosa, alguna vaina medio interesante. ¿Esto tiene sentido? Tú sabes que no tiene sentido. Pero así somos.

Encuentro un alivio especial en cocinar, hacer una torta de banano es olvidarse de que haces una torta de banano.  Mientras consigo los ingredientes, pienso en comprar al señor amargado de la esquina, los bananos más dulces y negritos que tenga.

Cada vez que pasas por la caja, y evitas al muchacho mirón y perseguidor de la tienda, la chica te tira las monedas y te quedas con la sazón de una amargura genuina de su vida en la caja registradora.

Llego a casa, y en un recipiente, añado la avena molida, los huevos, revuelvo y empiezo a picar con tenedor los bananos, uuuuffff huelen demasiado bien, es saciante…

Sabes que será un momento especial, tendrás un hijo gastronómico en un par de minutos.

Mientras revuelvo la masa, recuerdo a mi Alita dándome los paso a paso de la torta de banano, era adolescente y me molestaba a gran medida la indicación. Con mi actitud precoz, hacía que no la escuchaba, pero en realidad, prestaba tanta atención, que ni siquiera ella estaría enterada.

Cuando estoy en casa, en mi pueblo, hago una torta y con risa cómplice le digo:

Alita venga a probar mi torta, esta receta supera la suya”

Y ella llega perspicaz a comprobarlo… mientras me dispongo a servirla, la molesto diciendo que es la mejor torta que haya probado, ella puja y se ríe. Hacemos café, y mi mamá se acerca riéndose, con las caras de mi Alita, y mis chistes malos sobre la receta.

Nos preparamos a comerla, todas en la mesa con las risas pícaras, menos mi hermana, ella se levanta de la cama medio dormida, se come un pedazo y se regresa. Mi Alita con mirada misteriosa y paciente, mi madre con ansias de comer, en un suspenso, pregunto:

– ¿Qué tal? – ¿Qué tal me quedó?

 Mi Alita, en todos los encuentros con la torta de banano, me dice algo similar: “-Quedó buena”; y se va… Algunas veces, interroga evaluando la situación, y se va silenciosamente, o con alguna frase como: “-Me voy pa´lo mío…”

Sucede en el tiempo, que la Alita me invita a su torta de banano, que digna invitación y con gran entusiasmo le digo: “- ¡Alita, casi me logra superar la receta!” Y ella se ríe.

Termino la masa, y esperamos dos en la casa el nacimiento del hijo potasio… Esta vez somos dos, nos sentamos alrededor, olemos, observamos la maravilla, y seguramente no guardamos para el desayuno.

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Una respuesta a “Una abuela, una torta y yo.”

  1. Avatar de Yaneth Tovar Rodríguez
    Yaneth Tovar Rodríguez

    Me encantó

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