MEMORIA

Por: S.C. Ruiz

Quisiera despedirme de ustedes, antes de que la muerte me toque el hombro; diciendo aquello que, para mí, es el único vestigio de que fui hombre y en esta cabeza, ajada y matachinada, existe algo de sabiduría. Si es que así se le puede llamar a lo que diré…

Tomando el sombrero de la mesa, terminando el ultimo sorbo de cerveza que le quedaba en la botella, arreglándose la camisa después de tantas risas y poniéndose la ruana; con sombría tez y una mirada triste, solo pudo resignarse a sus labios que se habían convertido, como en muchas otras ocasiones, en su corazón.

Nuestro hogar es innegociable; pues solo existe en donde están nuestros recuerdos, en donde nuestra memoria construyo la historia de los nuestros. Hogar es el sancocho de la abuela, como las sopas de la mama luego de la fiesta; hogar es la bailata con el amor que lo hace a uno temblar en la plaza en las fiestas, con tambora y gaitas, con caja y acordeón. Hogar es el rostro blanco de la iglesia que se refleja en estos cuerpos sin vida, en las trochas que, a las seis en punto, cuando va tocando la última misa por una campana que solo se siente y nunca se ve; van subiendo de nuevo las bestias a la montaña luego de bajar muy en la mañana el café, la yuca, el plátano, la papa; van descargados terminando el camino…

Hubo un momento de silencio, paso ese último trago amargo de saliva que le humedeció su frase final, para sentenciar.

Hogar es donde todos nacemos por lo imaginario y contradictorio de la vida, entre los azares y el imposible de los posibles. Pero más importante aún, hogar es donde se decide morir, es ahí donde eternamente vivirá ese recuerdo de un cuerpo; esta memoria, de un ser ajado y matachinado. Como todos ustedes…

Salió como alma que lleva el diablo y se fue, para nunca más volver; el pobre Rodrigo Munera, seria encontrado sin vida unos días después a un costado de las aguas del rio. Llevaba consigo como siempre sus historias; como todas las historias, algunas eran destacables, otras más bien eran producto del horror. Rodrigo era el encargado de hacer conocer en el pueblo y en muchos otros pueblos, lo que en el papel el siempre escribió, de todo lo que veía entre las puertas y los tinteros, entre las fotografías oscuras y los brindis con whiskey viejo, entre las risas burlonas y los cuchillos invisibles que van al pecho, entre los señores de señores y los caballeros de principios ajenos.

Se recordó su vida en un velorio sin más, fueron solo tres, a demás de un perro, dos gatos y el llanto silencioso de las mujeres que se atrevieron a ponerse de pie. Silencio se ordenó marcialmente sin necesidad de decretos, luego de encontrarlo tirado en las aguas lleno de huecos y sin sangre ya de tanto ajetreo por el vaivén de las aguas y lo pedregoso del tiempo. Nadie dijo nada y todos sabían de los responsables de aquel muerto, pero el miedo es mayúsculo nadie quiere ser Rodrigo Munera; aun cuando por él se sabía lo que se sabía, no era chisme, no era cuento, es la viva imagen de los que visten de traje hablando de modales y se sientan de primeros, escuchando el sermón haciendo cara de sacristán, para luego dar el diezmo sonriendo.

Pasaron veinte días y gritaron desde la alcaldía, se había prendido fuego la cabeza de mas de uno y terminaron viendo a Rodrigo en carne viva; como por azares del destino les dijo, que la memoria es hogar y el recuerdo es vida. Por mas que llenaran los ríos con cuerpos su sangre regresaría, en forma de brisa o de viento, de tormenta y lluvia, de lamentos. Se alzaron entonces, los que no comieron cuento, queriendo sentir a Rodrigo silenciaron a muchos que gritaron por su duelo. Entonces aquella mañana, que todo era perfecto, llovió tan duro; que de la montaña se soltaron las piedras y el suelo, todo se revolvió y hablaron los muertos, se volvió olvido el mismo recuerdo y lo único que quedo intacto en el cementerio fue la lápida del muerto que se apareció en la alcaldía veinte días luego de que lo vieron en el rio y ahora hecho lluvia borro todo menos los campos que estaban recién sembrados o las casas que estaban a la entrada del pueblo, se metió la tierra pútrida en los salones viejos donde todo se ordenaba desde lejos, para que nunca fuera lo que es ahora…

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5 respuestas a “MEMORIA”

  1. Un brindis por todos aquellos que les callan la memoria

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  2. maravilloso cuento de una cruda realidad

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  3. La técnica de los cobardes, silenciar a los que tienen buena memoria. Felicidades Sebastian. Sigue cosechando muchos éxitos.

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  4. Avatar de Matilde Villegas
    Matilde Villegas

    Muy bueno…

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  5. Cuento con fantasías pueblerinas que mantienen viva sus costumbres y leyendas

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