NO TE GUARDES TODO

Por: Hazzam Gallego

Qué difícil es estar en medio de hablar o callar, entre ignorar nuestros sentimientos o darles prioridad, y eso nos lleva a danzar entre luces y sombras, en una coreografía única que nos une en la experiencia común de la vida. A menudo, guardamos en silencio lo que late en nuestro pecho, temerosos de la respuesta del mundo, de la vulnerabilidad expuesta. Es una tristeza no expresar lo que sentimos, un pesar que nos arrastra a la oscuridad de nuestro silencio.

Cuántas veces hemos retenido nuestras verdades, temerosos de herir, de provocar cambios indeseados. Pero, al final, ¿quién paga el precio de este silencio? Somos nosotros mismos, aprisionados en un diálogo interno no expresado que nos consume. Decir lo que pensamos, compartir nuestra esencia, es el primer paso hacia la liberación personal.

Gabriel García Márquez nos insta a «siempre decir lo que sientes y hacer lo que piensas». Y aquí, en esta danza de palabras, exploramos las razones para despojarnos del manto del silencio. Decir lo que sentimos no es solo un acto de valentía, sino un regalo que nos hacemos a nosotros mismos y a los demás. Es un puente hacia la autenticidad, hacia la conexión genuina que anhelamos en nuestra travesía terrenal.

La liberación personal se convierte en nuestra luz, en la tormenta hacia la verdad. Cuando expresamos nuestras emociones con respeto y amor, sentimos un peso levantarse, una carga que no necesitamos llevar. Es liberación de la presión acumulada, un acto de amor propio que nos permite respirar con profundidad.

Pero la verdad va más allá de la liberación; nos lleva a la cercanía auténtica. Cuando rompemos las barreras de nuestras reservas, se crea una conexión íntima. La confianza florece en el terreno fértil de la honestidad compartida. Somos vulnerables, sí, pero en esa vulnerabilidad hallamos la verdadera fortaleza de nuestras relaciones.

No guardarnos nada es también un acto de autenticidad personal. Al ocultar lo que pensamos, nos escondemos detrás de una máscara que distorsiona nuestra esencia. Al revelarnos, nos permitimos ser vistos, ser comprendidos. Ya no somos prisioneros de nuestras propias sombras, sino seres luminosos en toda nuestra complejidad.

La mejora en la comunicación es otra joya que desenterramos al expresar nuestras verdades. Decir lo que sentimos elimina malentendidos, abre canales claros de entendimiento. Nos sumergimos en un océano de transparencia, donde cada palabra es una gota que nutre la relación.

Y así, alcanzamos la coherencia personal. Ocultar nuestras emociones crea una brecha entre lo que somos y lo que mostramos. Al verbalizar nuestras preocupaciones, cerramos esa brecha. Somos seres íntegros, alineados en nuestro ser interior y exterior.

Ignorar los sentimientos negativos nos sumerge en la autodestrucción. La sociedad nos susurra que no seamos tan sensibles, pero ¿a qué costo? Al evitar nuestras emociones, fortalecemos las cadenas que nos atan. La represión emocional ha sido vinculada a enfermedades físicas y mentales. La aceptación de nuestras emociones es el primer paso hacia la curación.

No te guardes nada, te invito a gritar al viento lo que llevas dentro. En la travesía de la vida, permitámonos ser como una olla express, liberando la presión acumulada antes de estallar. La vida es para ser vivida plenamente, con todos sus matices.

La filósofa Annie Dillard nos guía con su sabiduría: «No guardes lo que parece bueno para otro momento… Regálalo todo, regálalo ya». Vivir con la premisa de que siempre habrá un mejor momento es privarnos de la plenitud del presente. La vida nos insta a compartir, a expresar, a regalar nuestras emociones, pensamientos y verdades.

Así que, en este llamado a la plenitud, te digo: dalo todo. No te guardes nada. Desde el elogio que aún no has expresado hasta la confesión que yace en las sombras de tu corazón, deja que fluya. Porque, al final, el tesoro de la vida reside en la autenticidad de nuestras experiencias compartidas. No tenemos un futuro para llevar nuestras verdades no dichas, así que regalémoslas ahora, en este preciso instante, mientras la danza de la existencia nos envuelve con su efímera belleza.

“No dejes que el océano de tus pensamientos se trague tus verdades; déjalas navegar, aunque el viaje sea tormentoso” – Hazzam Gallego

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Una respuesta a “NO TE GUARDES TODO”

  1. Súper, te felicito por tan excelente escrito🫶

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