¿LE TEMES A LA SOLEDAD?

Por: Liza María Cobos Parra

Hace poco tomé un servicio a través de una aplicación de transporte. Subí al auto y avanzamos unas cuadras con fluidez, luego quedamos atrapados en el tráfico de la ciudad. El conductor rompió el silencio preguntando sí conocía otra ruta distinta a la que indicaba el aplicativo, no tenía conocimiento de manera que, contesté: – No hay afán. En medio de la variedad de temas que tratamos aprovechando el trancón, el conductor mencionó su agotamiento, corrían las cinco y media de la tarde, comentó que estaba trabajando desde las cinco de la mañana. Abrí los ojos con asombro y dije: – ¿Doce horas trabajando? ¿Cuándo descansa? El conductor respira hondo y responde: – no me gusta estar solo, así que prefiero trabajar con mi carro, a veces lo hago día y noche. De este modo tengo con quién conversar.


La soledad es un fenómeno de dos caras, una parte de las personas le teme a la soledad; estar consigo misma, es decir, escuchar sus propios pensamientos, sentir sus emociones placenteras y displacenteras en soledad, realizar actividades por sí solos/as como: organizar su espacio, descansar, no hacer nada, alimentarse. Esta última, es una de actividades para algunos más complejas, comer solo. Antes se comía frente al televisor, ahora frente al avasallador: Tik Tok o YouTube, entre otras plataformas. Del otro lado están quienes disfrutan de su soledad, tomando este tiempo y espacio como una oportunidad de autorreconocimiento, reflexión, descanso, practicar algún deporte, desarrollar una habilidad, o sencillamente no hacer nada, lo cual es válido. Sin embargo, este número de personas que aceptan y conviven con la soledad, es menor a quienes la rechazan.


¿Por qué rechazamos la soledad los seres humanos?


A nivel social estamos destinados al relacionamiento natural con el otro de manera que, el estar solos sin haber elegido esta opción funda una postura negativa de la soledad. El rechazo a estar solo o el abuso de soledad puede traer consecuencias autodestructivas y patológicas en tanto es importante tratar cualquiera de los dos casos.


El ejemplo del conductor, es una realidad. ¿Cuántos se obsesionan con sus trabajos para evadir realidades personales que se les dificulta afrontar?


En la actualidad, generaciones jóvenes y adultas llamados “nativos digitales” consolidan su propia realidad a través de las pantallas, de manera que impera la soledad. Con ella surgen otros malestares como la angustia y ansiedad que se ha vuelto paisaje en las redes sociales, todos hablan de su propia soledad, cómo la padecen a y su vez quienes tiene varitas mágicas y recetarios para combatirla.


Ante este panorama, es importante rescatar que como seres humanos necesitamos de la soledad para fecundar ideas, y conquistar nuestro mundo interior. Para Nietzsche, el aislamiento nos permite reconocer el valor de estar vivos. Dicho esto, observar y aceptar las posibilidades que nos brinda la soledad nos permite avanzar en este camino en solitario. Ahora bien, como sujetos sociales el relacionamiento es necesario, generar vínculos fortalecer los afectos y emociones, sentirnos parte de algo, de un grupo de una manada para crecer en ella y compartir el mundo interior. Sin embargo, las redes sociales nos están distanciando de ese relacionamiento. Paradójicamente estamos conectados con miles de seguidores, amigos y usuarios orbitando en un mundo paralelo de falsas compañías.


La soledad como mandato genera un dolor psíquico (mental) similar al dolor de una herida física, de ahí la importancia de no juzgar y abandonar a quien está solo/a. Nunca es tarde para acompañar, escuchar y cuidar.


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5 respuestas a “ ¿LE TEMES A LA SOLEDAD?”

  1. Avatar de Michael David Durán Rodríguez
    Michael David Durán Rodríguez

    Jorge Luis Borges escribió:
    «No me duele la soledad: bastante esfuerzo es tolerarse a uno mismo y a sus manías…»

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  2. Me identifico totalmente a esa historia solo que yo soy muy espiritual y le pido a Dios fortaleza cada día 🙏🏻

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    1. Gracias por tu lectura. 🙂

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  3. Gracias Liza.

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    1. Gracias a ti, por leer. 🙂

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