LA MUÑECA DE LAURA

Por: Paranormalicus

Hoy, le pedí a papá que me llevara al cementerio, a visitar a mi hermana Laura, quien murió hace siete días, tras ingerir veneno. El porqué de haberse suicidado, no lo sabíamos. Solo que, al llegar papá a casa, la encontró tirada en el suelo, muerta. Mi nombre es Sofía, tengo siete años y éramos solo nosotros tres en casa, mi hermana mayor de veinte años, papá y yo, la hermana menor. Desde el funeral de Laura, no he podido dormir del todo bien, la extraño más que a nada. Mi hermana cuidaba de mí como papá, o me atrevería a decir, más que papá. Ella me llevaba y me recogía en el colegio, me ayudaba con mis tareas, los cuentos para dormir, me los relataba ella. Claro está que papá es el mejor padre del mundo, pero su trabajo es algo muy complicado, por lo que mi hermana siempre lo ayudó, no solo conmigo, sino hasta con los quehaceres de la casa.

Mi hermana estudiaba en la universidad, pero siempre se las arreglaba para ayudar a papá. Como dije anteriormente, le pedí a papá que me llevara al cementerio, lo pude sacar de la oscuridad de su habitación, donde sufre amargamente la pérdida de su hija mayor, Laura. Mi padre, amablemente, me dijo que sí, solo que teníamos que pasar por flores para ella. Al llegar al cementerio y parados ambos en la puerta de dicho lugar, sentí la sensación más extraña de mi vida, era como si mi pequeño pecho se me apretara de a poco, una brisa suave golpeó mi rostro de forma extraña, pude apreciar que las hojas de los árboles estaban inmóviles. Sin embargo, papá cayó de rodillas y se negó a dar un paso más, lo tomé del brazo y logré llevarlo hasta un banco para que se sentara.

Le pedí a papá que me diera el ramo de flores y me esperara sentado, que yo quería estar unos minutos en la tumba de Laura. Caminé con pasos lentos y con lágrimas en mis grandes ojos azules. Ya parada en la tumba, no pude pronunciar palabras, era como si mi garganta se hubiera cerrado del todo. Pero les juro que escuché la voz de mi hermana, que dijo: «Estaré siempre con ustedes». Por un momento, se filtró algo de miedo en mí, sin embargo, pude mantenerme firme en el lugar, me agaché y besé su tumba, cuando de pronto, vi algo que atrapó mi atención. Ahí, recostada en un árbol, había una muñeca, de un aspecto bastante extraño, pero a mí me llamó la atención. La tomé en mis manos y le sacudí la tierra que tenía encima, era como si la hubieran desenterrado.

No tenía ojos y su boca estaba completamente rajada, sentí una necesidad extraña de llevarla conmigo a casa. Ya de regreso, papá me dijo que dejara esa horrible muñeca, pero no, no le hice caso a papá y la llevé conmigo. Ya en casa, armé la muñeca, poniéndole unos botones en lugar de ojos y cosí la boca con el hilo más fuerte que había en casa. De pronto, tocaron a la puerta, y yo, me dispuse a abrir con la muñeca en las manos… era la mejor amiga de mi hermana (Daniela). «¡¡Por Dios, qué horror de muñeca!!», exclamó Daniela, con una mueca de terror en el rostro. Ahí, fue que pude sentir cuando la muñeca emitió un sonido muy leve, casi un suspiro, por algunos segundos. La miré fijamente a los ojos y fue como si ella me estuviera observando.

La dejé caer al piso porque la impresión que me llevé me aterró un poco. «Pura imaginación», pensé en ese momento. Sin embargo, la dejé ahí mismo y fui con papá y Daniela, quienes hablaban de nuestra visita al cementerio. ¿Qué hiciste con la muñeca?… ¿Dónde está la muñeca? – me preguntó Daniela. Ahí la dejé, tirada en el piso, – respondí. Las tres volteamos para ver, y la muñeca no estaba. Todas nos miramos un tanto intrigadas, cuando de pronto, papá dijo: Es bueno tu chiste. ¿Por qué papá? – pregunté. Fue cuando me horrorizó de verdad. A decir verdad, no sabía cómo la muñeca había llegado hasta mí y cómo no la sentí entrelazada en mis manos. Como si de una pelota se tratara, la tiré contra la pared… papá la tomó del brazo, y cuando estaba por tirarla a la basura, un sonido escalofriante salió de la boca de la muñeca. Al mismo tiempo, hizo un giro rápido con la cabeza y clavó su vista en Daniela. Esta última comenzó a gritar e intentó correr, entonces, un fuerte viento entró por las ventanas y la detuvo en seco. Por otro lado, las ventanas se cerraron de golpe y la casa se volvió completamente oscura, tanto así que no podíamos vernos ni nosotras mismas. En medio de la penumbra, se escuchó una voz conocida, sin duda, era la voz de mi hermana. De pronto, la voz de mi hermana resonó en la oscuridad de la casa. Era un susurro, casi un eco lejano, pero indudablemente era su voz. A pesar del miedo que sentíamos, la curiosidad y la necesidad de entender lo que estaba sucediendo nos impulsaron a seguir escuchando.

«¿Quién ha perturbado mi descanso?», susurró la voz de Laura, mi hermana, desde algún rincón invisible de la casa. Sus palabras estaban cargadas de tristeza y enojo. Papá, Daniela y yo nos miramos entre nosotros, sin saber qué hacer o qué decir. La situación era tan surrealista que apenas podíamos procesarla. «Papá, Daniela, ¿por qué has traído esta muñeca?», continuó la voz de Laura, ahora más cerca de nosotros. Parecía que su presencia se materializaba en la oscuridad, pero no podíamos verla. «Pensábamos que era solo una muñeca», balbuceó Daniela, con la voz temblorosa. La voz de Laura suspiró, y su tono se volvió más melancólico. «Nada es lo que parece en este lugar. He estado atrapada aquí desde mi partida, y esta muñeca es mi único vínculo con el mundo de los vivos». Una sensación de tristeza y compasión nos embargó. Mi hermana había sufrido tanto en vida y, al parecer, seguía atrapada en algún tipo de limbo entre la vida y la muerte. «Papá, Daniela, debemos ayudar a Laura», dije con determinación. «Ella nos necesita para liberarla de esta maldición».

El viento dejó de soplar y la oscuridad se disipó lentamente, revelando la figura incorpórea de Laura frente a nosotros. Su rostro reflejaba tristeza, pero también esperanza. «¿Cómo podemos ayudarte, Laura?», pregunté, decidida a hacer lo que fuera necesario. Laura nos explicó que la muñeca había sido un objeto importante para ella en vida, y que de alguna manera su espíritu quedó ligado a ella después de su muerte traumática. Para romper ese vínculo y permitirle descansar en paz, debíamos encontrar su diario, que estaba escondido en algún lugar de la casa, y llevarlo a su tumba en el cementerio. Sin perder tiempo, comenzamos la búsqueda del diario. La casa parecía diferente en la penumbra, con pasadizos secretos y habitaciones ocultas que nunca habíamos notado antes. Mientras avanzábamos en nuestra búsqueda, Laura nos guiaba desde lo más profundo de su prisión espectral. Finalmente, encontramos el diario en el ático, cuidadosamente escondido entre viejas cajas de recuerdos. Con el diario en nuestras manos, regresamos al cementerio y lo depositamos en la tumba de Laura.

Cuando el diario tocó la tierra de su tumba, una luz brillante y cálida envolvió su espíritu. Laura sonrió con gratitud y nos susurró un último agradecimiento antes de desvanecerse en la luz. Sabíamos que finalmente podía descansar en paz. Desde ese día, la muñeca ya no emitió sonidos ni gestos extraños. Nuestra casa recuperó su tranquilidad y nunca más fuimos testigos de fenómenos paranormales.

A pesar del horror inicial, esta experiencia nos unió como familia y nos enseñó que, incluso en la muerte, el amor y el cuidado pueden trascender las barreras entre los mundos. Y así, mi hermana Laura finalmente encontró la paz que tanto anhelaba.


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