¿ESTÁS AHÍ?

Por: Mónica García

Durante siglos miles de pensadores, filósofos, poetas y sabios se han desvelado tratando de descifrar tu misterio. Hoy lo intenta, una vez más, esta insignificante mortal…


¿Qué eres? Me pregunto en las noches en que la música y las voces exaltadas dan paso al silencio de la madrugada; no quién, sino qué, pues no creo que seas “alguien», ni tengas imagen ni personalidad: ¿eres acaso el viento sobre los árboles que parece decir cosas muy profundas en las noches en que despierto y lo veo estremecer sus ramas, a veces con un cadencioso vaivén, a veces con tanta fuerza que parecieran desprenderse de la tierra con todo y raíces? ¿Eres ese halcón que pasó sobre mí esa mañana de caminata acongojada y vino a posarse, gigante, sobre el muro de mi patio como un ángel o un espectro?


Eres la desesperación con que una madre clama por su hijo desaparecido, con que el anciano y el enfermo terminal ruegan por unos años más de vida, la esperanza de los que empiezan a amarse y cruzan los dedos para que dure; también la ilusión de aquel que se encamina a su primer día de trabajo, de los que abrazan a su primogénito, de quien recoge su primera cosecha; la fantasía de aquella niña que creyó que su padre resucitaría y crecería en una época en que las personas serían inmortales y cambiaría el mundo sólo por ser ella…


Eres todo eso: ilusión, esperanza, fuerza, deseo, delirio y necesidad; pero además angustia, desesperación, impotencia, miedo, sentirse pequeño en este inmenso universo, como me sentí frente a ese mar Pacífico en el documental chileno El botón de nácar, en el que imaginé que la gente viajaba a través del tiempo hasta los confines del mundo y sus otras dimensiones al punto de que sus protagonistas, esos ancianos mapuches, se cruzaban con sus tatarabuelos muertos y los conquistadores asesinos…


Lástima que te hayan dado un nombre tan genérico como ‘dios’ (dioses hay tantos), que muchos lo hayan manoseado y lo sigan haciendo… Sé que sin pedirte me has dado, sé también que cuando te he implorado con desesperación me has ignorado.


Ahora mi petición no sería que libraras de males al mundo –que ya lo he hecho tanto-, ni mucho menos bienes, salud o tan siquiera vida para mí o los míos: rogaría no ser más esta débil persona sino una más fuerte, más convencida, invulnerable a dioses charlatanes y discursos de sabiduría que también engañan y desilusionan.


Me gustaría que, aunque la fe me es esquiva, tuviéramos una relación más cercana.


¡Sabes con cuánto ardor deseo que existas!


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2 respuestas a “¿ESTÁS AHÍ?”

  1. Somos una pregunta constante. Aunque pocos se hacen preguntas, de lo contrario viviríamos en un mundo con más certezas.

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    1. Así es, querida, deberíamos preguntarnos un poco más.

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