LA VERDAD EN UN MUNDO DE ENGAÑOS

Por: Hazzam Gallego

En un mundo que pareciera estar forjado de ilusiones, la mentira se ha erigido como una sombra insidiosa que se cierne sobre nuestra realidad. Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha tejido una historia de engaños, una maraña de falsedades, que se ha infiltrado en la sociedad de manera sigilosa, casi imperceptible. La mentira, definida como ese acto de habla que conscientemente se aparta de la verdad con el objetivo de engañar a otro, ha permeado nuestros días, convirtiéndose en una triste rutina de la existencia.

Desde el prisma filosófico, la mentira emerge como una frente al principio de verdad, una ruptura de la fidelidad a la realidad que debería regir nuestras relaciones humanas. En la senda de esta traición, desembocamos en las consecuencias negativas que se extienden como una plaga: la confianza destrozada, relaciones diluidas en la discordia y conflictos que arrastramos como pesadas cadenas. La mentira se convierte en un veneno que, al ser destilado en nuestras comunicaciones, erosiona la base misma de la confianza que mantiene nuestra convivencia.

No obstante, no se limita la mentira a un plano terrestre. Desde la perspectiva teológica, es considerado como un pecado, un acto que se opone a la voluntad divina de la verdad. En ese sentido, la mentira no solo socava las bases humanas de la confianza, sino que se alza como un muro que separa al individuo de la comunión con lo trascendente. En su esencia, el acto de mentir no solo daña la relación entre seres humanos, sino también entre el hombre y lo divino, alejándonos de la verdad que nos une a una realidad más profunda.

La mentira, por lo tanto, se manifiesta como un fenómeno de una profundidad abismal, con implicaciones éticas, sociales y religiosas que se entrelazan en un abrazo sombrío. En nuestra sociedad actual, hemos normalizado la falsedad, hemos permitido que la mentira sea un huésped indeseado, pero asiduo. En nuestra ceguera ante las mentiras que tejemos y las que nos tejieron, nos olvidamos de la importancia de la veracidad, de la sinceridad.

En un mundo que anhela sinceridad, autenticidad y verdad, es imperativo reconocer los peligros de la mentira y emprender el camino de la rectitud. Debemos recordar que la mentira, aunque parezca una solución momentánea, es un veneno que a largo plazo corroe la confianza y socava la integridad. Cada palabra falsa que pronunciamos tiene el poder de alejarnos de la verdad y de Dios, y con cada engaño, socavamos los cimientos de nuestras relaciones.

La verdad, en toda su inquebrantable fragilidad, es un faro en la oscuridad de la deshonestidad. Solo a través de la sinceridad y la voluntad de vivir de acuerdo con la verdad, podremos restablecer la confianza, sanar las relaciones fracturadas y reconectar con lo divino. La mentira, como un sutil veneno que corre por nuestras venas, puede ser desterrada con el antídoto de la verdad. En nuestra lucha constante por la sinceridad, encontraremos un camino hacia una sociedad más auténtica y una comunión más cercana con la verdad que nos une a todos.

Que esta reflexión sirva como brújula en la travesía de nuestras vidas. Que la verdad sea la vela que nos impulsó y la honestidad, el timón que guía nuestro rumbo. En un mundo donde la mentira se ha entronizado, seamos valientes guerreros de la autenticidad, y así, juntos, forjemos un mañana más luminoso, donde la verdad sea el cimiento sobre el cual edificar nuestra existencia.

“Una mentira tiene el poder de hundirnos en la oscuridad o emergernos a la luz” – Hazzam Gallego


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Una respuesta a “LA VERDAD EN UN MUNDO DE ENGAÑOS”

  1. Muy interesante Dios sea iluminando tu mente para que todo lo que escribas sea dirigido desde tu corazón Dios sea mandando a sus ángeles ha llenar tu mente en sabiduría y amor te amo

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