POEMA: AL ANOCHECER

Por: Jean Carlos Arenas Parra

“Como una red sin agujeros
nos envuelve la noche por los cuatro costados”.
Piedad Bonnett.


Absorto y silencioso,
miro por la ventana hacia la noche
y me da por pensar
en todas las historias
que se escriben anónimamente
al mismo tiempo que estas palabras ven la luz:
en alguna cocina
una madre transmuta su amor
en cena para sus hijos,
el obrero se despoja de sus herramientas
y con pasos cansados regresa a su casa
al encuentro con los suyos.
Unos amantes se prodigan miles de caricias
(sin que nadie lo sepa, aparentemente)
en algún hotel barato
y después olvidarán sus nombres al salir
hasta la próxima cita.
Alguna enfermera, a pesar del insomnio,
se convierte en anónima heroína
al luchar contra la muerte y el dolor
de sus pacientes
en el hospital,
pero al mismo tiempo
alguien llora a sus muertos
con la cálida compañía de un tinto
en alguna funeraria.
A la luz acogedora de una vela
y ante la mirada inerte de sus santos
una abuela musita amor y esperanza
en cada una de sus oraciones
mientras las lágrimas escriben en su rostro marchito
los nombres de los hijos que se fueron.
La muchacha maquilla sus labios,
mira su belleza reflejada en el espejo
y sonríe
al escuchar al mariachi
que frente a su ventana evoca en cada nota
sonidos de amor y nostalgia
desde un México colorido y distante.
Alguien disuelve
sus angustias en el alcohol
creyendo dejar atrás sus demonios
para volver a verlos cara a cara
al salir del bar,
para el campesino el día apenas despierta
antes de irse al mercado a vender frutas
y otros pedazos de su tierra,
el estudiante tortura su cerebro
con fórmulas y cifras que apenas conoce
(y que al mismo tiempo, le aterran)
todo por el sueño feliz de un futuro mejor,
una niña esconde (que no lo sepa su madre!)
bajo su cama y en su corazón
su tesoro preciado:
la carta que le dio aquel niño del otro curso
al salir del colegio.
El muchacho recuerda
con placer y algo de lejana culpa
el abrazo desnudo de su vecino de enfrente
y sus ojos de iluminan
y en alguna esquina,
una joven travesti
ofrece sus besos clandestinos
al mejor postor
mientras ve desvanecerse su pudor
en el humo de su cigarro
(su único fiel y taciturno amante)…
A todos por igual nos envuelve la noche
y se convierte en confidente y testigo
de éstas y otras tantas historias
que tal vez no conozcan el amanecer
pero para mí ya nunca serán ajenas…


(A todos los seres invisibles y silenciosos, para quienes la noche se ha convertido en su mejor refugio).


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