Por: Hazzam Gallego
Había una vez un yo que no me gustaba, no era el yo que estaba acostumbrado a ser, era un yo más decidido, más seguro.
Al principio, lo rechazaba, lo veía como una amenaza, como algo que me obligaba a cambiar.
Pero con el tiempo, comencé a entenderlo, a aceptarlo como parte de mí.
Me di cuenta de que ese era el yo, pero más maduro, más sabio y más experimentado.
Ese yo me había enseñado a ser valiente, a enfrentarme a mis miedos, a perseguir mis sueños.
Ese yo me había hecho más fuerte, más capaz.
Así que, gracias a ese otro yo, soy la persona que soy hoy.
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