Advierten mis ojos un atisbo de miedo; se me hace raro, puesto que el abismo me educó. Paseo el valle de las sombras sin temor alguno, pero el temblor en mis manos no deja cerrar mi puño.
Pude abandonar el segundo círculo por unos ojos café. Luché con demonios, fantasmas y criaturas con fe. Tan largo es el camino que los pasos silencian el vacío; corro y te persigo, pero es tiempo perdido.
La pregunta fundamental de la filosofía me aterra; más que la no existencia, es quién la acarrea. La luz del túnel se ve lejana y tenue, pero no deja de ser atractiva como salida.
Morir sería un gesto limpio, una escena perfecta para quien observa. Vivir, en cambio, es arrastrar el día, sostener el peso cuando nadie mira.
No elijo el descanso que promete el abismo; elijo la vigilia que no ofrece aplausos. Si morir es dormir, despiértame con un beso. Si soñar es contigo, viviré en un limbo.
Permíteme, entonces, unas palabras finales; no me pidas una despedida sin regreso. Egoísta es, pues, quien a su deseo da prioridad; mi deseo eres tú, mi prioridad es vivir.
Deja un comentario