Por: Pretérito Perfecto

Yo, UN CIUDADANO DE A PIE, que jamás ha vivido de la política, que no he necesitado de padrino político para poder conseguir empleo, por medio del presente documento radico solicitud de cancelación de afiliación al partido como parte de la militancia.
Comienzo por decir que hago parte de los colombianos que siempre acudimos a las urnas, con la premisa de que es el único camino para poder traer progreso a nuestra nación, eligiendo al más calificado, o en el contexto colombiano, al menos peor; a excepción de RODOLFO HERNÁNDEZ Q. E. P. D., quien, teniendo 100 palos verdes en sus activos, le apostó a ir a las urnas para poder brindar su conocimiento y experiencia para gerenciar Colombia. Pero el status quo avizoró una amenaza a sus privilegios y ayudaron a ganar a Petro. Prueba de aquello es el apoyo oficial en mi departamento del clan de los Cristo, de forma clandestina del clan de los Corzo y del clan de los tradicionales, y de forma indirecta del senador J. P. Hernández, quien, faltando ocho días para la segunda vuelta, oficializó su retiro de apoyo a Rodolfo, y su caudal terminó apoyando a quien hoy tanto adversa.

Sé que mis palabras sonarán como voz en el desierto, sin que haya uno solo que pueda oír, pero es desesperante que uno, como militante, se emocione con discursos como el de la senadora María Fernanda Cabal, donde con argumentos señaló en qué fallaba la actual administración nacional, donde nos puso en contexto de las malas decisiones que han creado incertidumbre en los inversionistas, y donde, con cifras y datos, nos emocionó como una estadista que entendía la necesidad del momento y nos llevó a soñar. Pero, con el pasar de los días, dicho discurso cayó en el de cada cuatro años, al punto que, cuando comienzan a perder favorabilidad en las encuestas, se desesperan y comienzan a incendiar el país.
El punto de quiebre ocurrió cuando el canal Caracol filtró una información sobre nexos del Estado con las disidencias, y este fue el yunque para comenzar con la religión del uribismo: que si no gobierna el Centro Democrático, Colombia va a desaparecer como república. La evidencia fue causa de la última encuesta, donde no dejó bien favorecidos a los precandidatos del partido. Es inconcebible que, siendo nuestro país una tierra donde ha hecho metástasis la violencia, la confrontación, y donde se normalizó la agresión verbal y la infamia como papel moneda para lograr objetivos, renunciando a los postulados de la buena fe, de la decencia y de la moral, sigan regalando miedo para podernos vender seguridad.
Mi decisión irrevocable se basa en los hechos que estuvieron alrededor del último debate realizado por la senadora PALOMA VALENCIA. Fue algo bochornoso cómo la misma, en su ponencia, salió a desacreditar al ciudadano representante de la colectividad del Pacto Histórico, Iván Cepeda, publicando fotos donde él sale con los extintos jefes de las antiguas FARC; fotos que fueron tomadas cuando estos últimos habían firmado la paz (paz negociada por Juan Manuel Santos), refrendada por el Congreso al que ella representa, y en donde habían aceptado una curul en el Congreso a cambio de abandonar las armas. Pues, de forma ruin, la senadora Paloma Valencia usó estas fotos al mejor estilo de las bodegas mentirosas y calumniadoras, que buscan lograr, a través del odio y la desinformación, votos que les den los privilegios que no merecen.

Y lo más detestable es que haya realizado un juicio a una señora que ya está fallecida, como lo es la señora Piedad Córdoba, tomando como base las confesiones del hermano de la parlamentaria desaparecida. Algo que sería reprochable que lo haga un hombre, pero que lo haga una mujer contra otra mujer ya es descabellado. El mensaje que este Congreso nos da a los colombianos es que, con tal de odiar y exacerbar al oponente, recurren a la infamia y a la difamación.

Lo que, como ciudadanos, no podemos aceptar es que nos envuelvan en ese fuego cruzado, y que quede la moral mía por el piso al escuchar a la senadora gritar en dos oportunidades:
“¡Senador Iván Cepeda, no me mande a matar! ¡Senador Iván Cepeda, no me mande a matar!”
Una senadora vociferando esa frase en nuestro país violento, habiendo sido asesinado un precandidato de su partido, es algo inaceptable. Y como gente decente no me puedo permitir estar en la militancia de una directiva que no contempla sanciones morales y enérgicas para esta clase de hechos.
Los colombianos todavía lamentamos la muerte de Gaitán, Galán, Ossa Jaramillo, Pardo Leal, Carlos Pizarro, Álvaro Gómez Hurtado, Miguel Uribe Turbay, y los miles de policías y soldados que han muerto en el espiral de violencia que discursos como el de la senadora Paloma buscan perpetuar, donde los de a pie ponemos los muertos.
Por salud mental, por salud espiritual y por una decisión llena de convicción —y no porque sea seguidor de Iván Cepeda o del Pacto Histórico— tomo la decisión difícil de abandonar la militancia del Centro Democrático. Por tanto, hoy 9 de diciembre de 2025, radico esta solicitud de cancelación de afiliación a la colectividad de su partido.
Les deseo éxitos y, a la vez, les doy una perlita para el análisis de sus directivas: el odio despertado contra la izquierda el cerebro del colombiano promedio ya lo superó. La animadversión al que piensa diferente a ustedes ya fue superada, y los resultados del gobierno Duque ayudaron al colombiano promedio a hacerlo. Y, por último, señalar mediante debates de control político sin denuncias o acciones legales es evidencia de que faltan argumentos y sobran señalamientos.
Al único que le ha funcionado esa forma de hacer política es a J. P. Hernández, quien antes de las elecciones de segunda vuelta presidencial en 2022 odiaba a la colectividad del Centro Democrático y hoy es seguidor de quienes odiaba, quedando ante la sociedad como alguien millonario de hormonas pero pobre de neuronas. Pues no pagamos impuestos para patrocinar religiones de Estado; como contribuyentes queremos resultados, vivir mejor, sin miedo, pero tampoco incendiando al contrario.
Por último, pero no menos importante, las elecciones de 2026 serán el termómetro que mostrará que la sociedad colombiana ya está consciente de que izquierda y derecha (sofismas inventados para mantenernos peleando) ambas son ineptas y mediocres. Por tanto, no les auguro que en estas elecciones puedan recuperar las curules perdidas en 2022 al Senado y a la Cámara de Representantes.
Atentamente,
CIUDADANO DE A PIE
Profesional Universitario
Sobre el autor:

Columnas recientes
Busca Columnas Por Autor






Deja un comentario