EL FANTASMA DE PANAMÁ

Por: Jefferson Andrés Rodríguez

El contexto de la política internacional está marcado por crímenes internacionales que no tienen justificación alguna, pero que para los Estados Unidos de América parecen admitirse como parte de su práctica habitual. En este escenario, se erradica del lenguaje todo formalismo diplomático y se asume una relación de dominación —de amo y esclavo— como la que hoy se evidencia en territorios como Taiwán. Resulta imprescindible analizar el freno internacional a los derechos sindicales, individuales y colectivos, impuesto en favor del modelo neoliberal.

La política internacional de los Estados Unidos, dirigida por el grotesco presidente Donald Trump, se expresa en el aumento de aranceles que afectan el equilibrio comercial de América del Sur; en la negación de cooperación y financiación, como la suspensión de programas sociales apoyados por USAID; y en el reclamo del papel de dueño y patrón del Canal de Panamá. A esto se suman prácticas como el bombardeo de embarcaciones, asesinatos sin orden judicial en territorios extranjeros y el saqueo del petróleo venezolano al estilo pirata. Amenazar con incendiar el mundo parece ser la marca de un año presidencial que consolida un modelo global de campaña anticomunista.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, frente a la situación actual con Venezuela, afirmó:
“Recuerden que nos quitaron todos nuestros derechos energéticos. Nos quitaron todo nuestro petróleo no hace tanto. Lo queremos de vuelta. Nos lo quitaron ilegalmente”, declaró el mandatario a la prensa desde la base aérea Andrews, a las afueras de Washington.
“Lo queremos de vuelta. Nos quitaron nuestros derechos petroleros; a pesar de que hay mucho petróleo allí, como saben, expulsaron a nuestras empresas, y lo queremos de vuelta”, insistió.

Hoy, Donald Trump nos invita a recordar cómo los venezolanos recuperaron su derecho soberano a ser dueños de su petróleo. Esto representa el quiebre del viejo principio proclamado por el expresidente estadounidense James Monroe: “América para los americanos”, así como el agotamiento histórico de las dictaduras impuestas en el continente para garantizar la explotación de los recursos naturales.

Habrá quienes respalden campañas de anticomunismo, de aniquilación política y de estigmatización de comunidades enteras, bajo una lógica que obstaculiza cualquier avance social en favor de las poblaciones más pobres y vulnerables. Sin embargo, la necesidad histórica de derrotar la demagogia y el autoritarismo en la coyuntura latinoamericana exige una estrategia integral: una política de paz en lugar de bombardeos; de vida en lugar de militarización; de justicia social en lugar de reclutamiento de menores y políticas de recompensas.

Para la región, y particularmente para los colombianos, surgen varios interrogantes frente a la coyuntura actual. El primero gira en torno a la jurisdicción agraria, la seguridad alimentaria y la seguridad territorial. El segundo se relaciona con el problema de salud pública de la drogadicción que enfrentan los llamados “buenos vecinos del norte”. Que cada quien saque sus propias conclusiones, según la patria que sienta como suya, mientras sigue latente el sueño de Bolívar de una Gran Colombia.

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