Por: Michael Alexis Galvis Contreras
Ausente parecías cuando callabas,
ese vaho gélido de no tenerte
que calcina cada hueso.
Y maldigo a las mariposas del sueño
cada vez que mi voz no te alcanza.
No es contra ti, la ausencia la elegí yo,
y el olvido… ojalá no me toque,
ojalá no me borre de tu memoria.
Y bendigo tu risa que llenaba mi alma,
que hoy alumbra caminos lejanos,
que tal vez ya transitamos,
pero que nunca fueron nuestros.
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