Vengo acá solo a desahogarme. No esperes alta poesía o métrica perfecta y vacía. No soy solo una biblioteca ambulante. Soy un humano con virtud y defecto. A veces peco por pensamiento abyecto, pero mírame… Pagliacci me dicen, solo por parecer un chiste. Todos ríen.
Las despedidas aún no las entiendo. No soporto estas tierras ni el clima, pero tan solo su calor me hace cambiar de vía. Cruel vista la mía. No conocía su nombre, no sabía dónde vivía, pero en sus ojos y risa estaba el alma de quien lo merecía.
Cruel broma siempre haces: vienes a quien no te llama, ignoras a aquel que te quiere, vigilas y enloqueces a quien te ama. Vas con justicia, no lo niego, pero es mi derecho odiarte. Te odio por rondarme sin respuesta, te odio por estar y no llegar. Pero te amo: gracias a ti pude avanzar, gracias a ti puedo cuidar, gracias a ti entendí tu opuesto, o al menos trato de hacerlo.
Es extraño estar acá. Muy poco te conocí; aun así, es la madrugada y en mi cabeza estás. Creo que ya es mejor que descanses en paz.
Deja un comentario