EL ARTE DE ROZARTE

Por: Mauricio Garro

No hay ciencia más sagrada
que la de encontrar tu piel en la penumbra,
trazar con los dedos un mapa sin nombre,
donde el deseo es brújula y destino.

Rozarte no es tocarte,
es invocar el temblor que vive entre dos respiraciones,
el instante suspendido
donde la carne aprende a hablar sin voz.

Tus suspiros son pinceles,
los míos, fuego que no pide permiso.
Pinto sobre ti la noche entera,
una y otra vez, hasta que el tiempo se rinde.

Hay un idioma en tus gemidos,
una confesión que el cuerpo pronuncia
cuando el roce se vuelve plegaria
y el aire se espesa entre nuestros nombres.

Y en ese roce —mínimo, eterno—,
la piel se vuelve poema,
y el cuerpo, un lienzo que recuerda
que amar también es un arte…
y que yo solo sé practicarlo contigo.

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