NULLA POENA SINE LEGE

Por: Michael David Durán Rodríguez

Conozco tu risa, esa cascada de felicidad,
y tu llanto, el vértice de todas las tristezas.
Siento el dulce impulso de tu sorpresa,
esa algarabía de tus ojos de jade,
la misma de tu mano guiándome a través de las multitudes,
la misma de tus oraciones diciéndole a Dios que eres su instrumento.

Recuerdo la carta que te escribí a medianoche,
los versos que te dediqué en la madrugada,
la balanza que pondera las leyes en tus manos,
la justicia que buscas cuando eres la esperanza
y la defensa de los condenados.

Solo te pido recordar mi nombre,
acariciar cada pétalo de mi verde nostalgia,
ocultar mi voz bajo tu sombra al atardecer,
abrir tu boca cuando te ofrezca un trozo de alimento.
Jamás encontrarás el sabor de la piña en mis labios;
seré el juez de tus canciones al mediodía
y la caricia en el anverso de rodilla
cuando el dolor te impida bailar.

Seré lo que quieran tus manos:
el árbol, la rosa, la espiga.
Conozco tu llanto, ese torrente de todas las angustias,
y tu risa, el elíxir de todos los placeres.

Sobre el autor:

Deja un comentario

Busca columnas por autor

Deja un comentario