MIENTES TAN BIEN

Por: Mauricio Garro

Mientes tan bien,
que hasta el sol parecía mirarme distinto
cuando decías mi nombre.

Mientes tan bien,
que tu voz sonaba a promesa
y tus manos sabían a destino.

Cada palabra tuya tenía abrigo,
cada mirada un refugio,
y yo —tan dispuesto a creer—
no vi el fuego detrás del humo.

Mientes tan bien,
que pensé que era verdad,
que el amor existía en tus ojos,
que tus besos no eran teatro.

Ahora entiendo tu arte,
tu forma de fingir eternidades
en un mundo de instantes rotos.

Creí en ti como se cree en la vida,
sin pruebas, sin razones, sin miedo.
Y cuando la verdad cayó,
no dolió tu engaño…
dolió darme cuenta
de cuánto quise creerlo.

Mientes tan bien…
que aún hoy, cuando recuerdo,
una parte de mí
te sigue creyendo.

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