MANUAL DE INSTRUCCIONES PARA CONTEMPLAR UN ATARDECER

Por: Jean Carlos Arenas Parra

Cuando decidas contemplar un atardecer
no lo hagas en vano,
limitándote a coleccionar instantáneas
cual souvenirs en tu galería
que terminarán por marchitarse al final.
Mira éste y todos los atardeceres
con los mismos ojos diáfanos
que contemplaron el primero de ellos
y la misma solemnidad
con que verás el último.
No te conformes con observarlo
desde el primer lugar
en donde su aura dorada te sorprenda:
deberás explorar el lugar exacto
en donde tu geografía cotidiana
te permita la mejor vista.
Cuando llegue el momento,
guarda silencio.
Que el ruido del mundo
no se mezcle con la calma
venida de la mano con el crepúsculo,
sólo así y al cerrar los ojos
sentirás cómo el sol se va desvaneciendo,
palpita y al último latido
se convierte en naranja
entre tu mirada y tu pecho
y las tormentas que puedas tener
anidadas adentro
se irán calmando de a poco.
Sin mirar el reloj,
calcula cuánto tiempo queda
desde el ocaso hasta el momento
en el que la primera estrella
anuncie la llegada de la noche,
y sabrás que cada segundo
es agua que se escurre entre los dedos
y no tienes más opción
que beberla de un solo trago.
Espéralo siempre
con la emoción que va de la mano
con las primeras veces,

porque nunca verás de nuevo
el mismo atardecer.
Jamás pretendas adivinar
cuál será la próxima forma
ni el próximo color
que tomarán las nubes
dentro de su caleidoscopio aéreo.
Ni siquiera el cielo tiene la respuesta.
Tan solo queda
guardar como un tesoro pasajero
éste y todos los atardeceres
en el espacio que habita
entre tus retinas y el alma.

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