Por: Danny Herrera
Hay noches en que todo se calla
y el aire parece mirar.
Camino despacio,
como si el suelo pudiera romperse
si respiro muy fuerte.
Siento algo detrás,
un pensamiento que no dije,
una culpa que nunca solté,
una sombra que sabe mi nombre.
Cruje el suelo,
se apaga una luz,
y mi corazón late tan fuerte
que hasta el miedo se detiene a escucharlo.
Octubre llega con su olor a frío,
con su luna enorme
que parece entenderlo todo.
Y yo,
que siempre finjo no tener miedo,
cierro la ventana por si acaso.
En la calle hay risas,
disfraces,
niños jugando a asustar;
pero algunos miedos no usan máscara,
solo se sientan a tu lado
y te miran en silencio.
Recuerdo cosas que no quiero,
rostros que ya no están,
promesas que aún duelen.
Tal vez esos sean mis fantasmas,
los que no caminan,
sino que duermen en mi pecho.
A veces les hablo,
les digo que todo está bien,
que ya pueden irse.
Pero se quedan,
como si esperaran que yo
sea el que aprenda a hacerlo primero.
Y así pasa octubre,
con su luna vigilante
y sus calles llenas de historias.
No sé si los fantasmas existen,
pero hay noches
en que mi alma
parece creer que sí.
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