CÚCUTA ENTRE NADA: AMOR Y NADAISMO

Por: Jefferson Andrés Rodríguez

Llevamos medio siglo hablando de la nada y del nadaísmo en Colombia. Estudiar la literatura colombiana con un espíritu rebelde nos lleva a destacar el conversatorio “Entre nada, amor y nadaísmo”, que recoge las expresiones de una auténtica antología que se hace eterna en la poesía, enfrentándose al agua y al viento de la inclemencia del tiempo como los estoraques.

En el marco de la Fiesta del Libro de Cúcuta 2025, realizada del 1 al 6 de septiembre, se contó con la presencia del fundador Nadaísta y escritor espiritualista Jota Mario Arbeláez, maestro que recitó su extensa antología poética, y del artista Pablus Gallinazo, representante de la música protesta colombiana, con hitos como “Mula revolucionaria” o “Una flor para mascar”, que marcaron la rebeldía de generaciones durante medio siglo.

El conversatorio, cargado de intensa poesía, tuvo lugar en la emblemática Biblioteca Julio Pérez Ferrero, en uno de sus pabellones que en algún momento hicieron parte de las instalaciones del antiguo Hospital San Juan de Dios, donde partieron a la eternidad generaciones enteras. Hoy allí se preserva la famosa leyenda de que, a quienes no leen en la biblioteca pública, “los asustan”.

En el marco de los 70 años del nadaísmo en Colombia, quedan pocos referentes vivos de este gran legado rebelde y consciente, frente a la pasividad del espíritu y la cultura que aún caracterizan a las aldeas culturales de provincias y regiones.

Por eso, lo difícil es mantener vivo el legado patrimonial literario para las futuras generaciones. En esta lucha del ecosistema cultural por la formulación de proyectos, se han olvidado antiguas reivindicaciones como la profesionalización de los artistas, el fortalecimiento de las casas de la cultura, la consolidación del Instituto de Bellas Artes o la actualización en artes plásticas y visuales. Todo esto ha hecho perder el interés del activismo artístico en Norte de Santander.

Hoy, la palabra sagrada de los artistas es: “Del arte sí se vive”. Los arquetipos y creencias limitantes pasan a un segundo plano cuando la aldea del valle de Cúcuta no reconoce su identidad ni su memoria poética. Surge entonces la pregunta: ¿cómo consolidar un observatorio de prácticas literarias en Norte de Santander mediante la recuperación de la memoria, la sistematización crítica y la circulación comunitaria en los 70 años del nadaísmo?

También es cierto que un grupo de artistas y activistas se han unido en el colectivo Teatro Libre Nadaísta, con el propósito de ser el brazo cultural de la protesta artística, manteniendo vivo el legado en colaboración honorífica del maestro Jota Mario Arbeláez, y recordando las palabras del maestro Eduardo Cote Lamus: “Ahora un árbol crece donde el olvido cierra los ojos”.

Existen muchas vergüenzas históricas. Al parecer, solo los programas de estímulos municipal representan la oportunidad real de recuperar la tradición poética de figuras como Eduardo Cote Lamus y Jorge Gaitán Durán, quienes inspiraron distintas corrientes literarias contemporáneas en Colombia a través de la revista Mito y la memoria de los 70 años del nadaísmo.

Si así fuera, en Cúcuta viviríamos en amor y nadaísmo.

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