Por: Annie Smith

“Habitarme es recordar que dentro de mí también existe un hogar que merece ternura, calma y verdad.
Annie Smith
He comprendido que no basta con estar viva, también hay que aprender a habitarse. No es lo mismo pasar por los días con la rutina marcada que detenerse a sentirlos desde dentro. Y en este tiempo, donde la fuerza me faltó y las ideas parecían ausentes, descubrí que tal vez el verdadero aprendizaje estaba en volver a mí, en reconciliarme con mi propia presencia.
Habitarme es más que mirarme al espejo. Es reconocer mis cansancios, mis luchas internas, mis pequeñas victorias invisibles. Es abrazar la contradicción de sentirme fuerte y frágil al mismo tiempo. Es aceptar que no soy un proyecto terminado, sino un camino en constante construcción.
La filosofía antigua nos invita a esto: Sócrates con su “Conócete a ti mismo” nos recordó que la verdadera sabiduría empieza en el interior. Pero conocerme no es suficiente si no aprendo a vivir conmigo en calma, con cariño, con compasión. Habitarme es ese paso más allá del conocimiento: es hacer hogar dentro de mí.
En este viaje descubrí algo: no habitarse es vivir como extraña en mi propia vida. Es pasar de largo por mis emociones sin escucharlas. Es mirar hacia afuera buscando respuestas que, en realidad, nacen adentro. Y al darme cuenta de esto, comprendí que mis pausas no son una pérdida de tiempo, sino la manera en la que el alma me pide atención.
Habitarme es permitirme sentir, sin culpas. Es recordar que descansar también es un acto de amor propio. Es entender que la prisa no siempre me lleva más lejos, a veces me aleja de lo esencial.
Quizás lo olvidamos, pero incluso en la naturaleza hay momentos de quietud y renovación. La tierra necesita reposo para florecer, el mar necesita calma para recuperar su fuerza, el día necesita la noche para equilibrarse. ¿Por qué yo habría de exigirme estar siempre encendida?
Decía Séneca: “No es que tengamos poco tiempo, es que perdemos mucho”. Y creo que lo perdemos cuando intentamos vivir hacia afuera olvidando que lo primero es aprender a estar en paz con lo que somos por dentro.
Hoy escribo desde esa fragilidad que me recuerda que soy humana, pero también desde la certeza de que hay belleza en aprender a habitarme. He descubierto que cuando logro hacerlo, no solo me entiendo mejor, también me abro al mundo con más sinceridad. Porque nadie puede dar compañía verdadera si antes no ha aprendido a estar consigo mismo.
Y ahora te pregunto: ¿Hace cuánto no te detienes a escuchar lo que realmente sientes?¿Hace cuánto no te concedes un momento para respirar profundo y reconocerte?¿Hace cuánto no habitas tus pensamientos con la misma ternura con la que acompañas a otros?
Aprender a habitarme no es un destino, es un proceso. Un recordatorio de que dentro de mí también hay un hogar que necesita cuidado, tiempo y amor. Y aunque a veces me pierda, siempre puedo regresar.

Sobre el autor:







Deja un comentario