Por: Michael David Durán Rodríguez
Una cascada de sentimientos
inundó tus párpados y conocí tu llanto
fue la injusta condena al inocente
En mi abrazo fui el pájaro arrodillado
desparramado mi plumaje
refugiado en tu regazo
A tu llanto le siguió la música
Entre lágrimas y canciones
Desbordando caricias te miraba entre la multitud
El eco de la danza de mis manos
sigue trazando espirales en este mapa imaginario
que mis manos recuerdan
Te escribí una carta de tres páginas
rebosante de constelaciones
y caricias futuras.
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