LOS EFECTOS DE NOSTRADAMUS SOBRE EL CONFLICTO ARMADO EN EL CATAJUMBO: LAS MASACRES

Por: Nerio Luis Mejía.

La Evolución Social y las Profecías de Nostradamus en el Conflicto del Catatumbo

La evolución social de la especie humana, en su desaforado desarrollo tecnológico y científico, ha hecho olvidar la creencia primitiva del Dios creador. Sin embargo, la materialidad del sentimiento de la especie nos lleva muchas veces a la insensibilidad por el dolor ajeno. Es aquí donde aparecen las profecías del médico, boticario y astrólogo francés, Nostradamus, en un intento por devolver nuestros pensamientos y comportamientos a lo divino.

Durante el conflicto armado desatado en la región del Catatumbo, a raíz de los enfrentamientos violentos entre el ELN y las Disidencias de las FARC, que han sumido al territorio en la peor crisis humanitaria experimentada en los últimos tiempos, es posible predecir con certeza, como si se tratara de una profecía de Nostradamus, exclusivamente para el departamento de Norte de Santander, lo que va a ocurrir si no se toma muy en serio la situación de inseguridad que viven sus pobladores.

El espiral de muertes violentas a lo largo del nororiente colombiano parece no despertar los sentimientos de nuestra sociedad. «A tal punto que, si el número de víctimas no supera las tres personas, no se puede determinar o reconocer si se trata de una masacre u homicidios colectivos», término que produjo acaloradas discusiones cuando la izquierda era oposición.

El 9 de marzo de 2025, en horas de la noche, la ciudad de Ocaña – Norte de Santander, fue sacudida por dos hechos de sangre que cobraron la vida de cinco personas y seis más resultaron heridas, quienes se encontraban en un establecimiento comercial. Los dos ataques sicariales casi simultáneos se constituyeron en la masacre número 13, según el registro de INDEPAZ.

Un mes después del trágico hecho violento, no hay un pronunciamiento claro por parte de las autoridades que permita determinar si la masacre ocurrida en Ocaña guarda relación con los enfrentamientos armados que se libran en la región del Catatumbo o si obedecen a incidentes aislados que nada tienen que ver con la grave situación de orden público que se registra en el golpeado territorio.

Los fracasados consejos de seguridad que implementan las autoridades después de la ocurrencia de las acciones violentas, en los cuales se ofrecen recompensas a quienes ofrezcan información que permita la captura de los autores materiales e intelectuales, sumados a los toques de queda, jamás han servido de nada. Esta clase de medidas, que en vez de generar tranquilidad a la ciudadanía causan un efecto contrario, se traduce en malestar.

Para el sector comercio, los toques de queda afectan sus ventas; para los desprevenidos conductores, especialmente los de motocicletas que no cuentan con el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT) y demás documentos, la decisión de las autoridades los convierte en los principales perseguidos por los agentes del orden, quienes en vez de buscar a los criminales solo se dedican a la inmovilización de los vehículos de quienes nada tienen que ver con la cadena de crímenes que sacude a lo largo y ancho del departamento de Norte de Santander.

Lo que sí preocupa en estos momentos es que, sin tener el alcance profético de Nostradamus, cualquier persona que se interese en conocer la dinámica sobre el conflicto que se libra en el Catatumbo puede predecir casi con certeza que esta guerra se extenderá a los centros urbanos del departamento de Norte de Santander.

Los municipios de Tibú, Cúcuta, Ocaña, Convención, El Carmen y las vecinas municipalidades del departamento del Cesar – Río de Oro y González- deberían estar en alerta ante las alteraciones del orden público que a diario se registran en sus jurisdicciones. De acuerdo al boletín número 142 del PMU Catatumbo, las cifras de hechos violentos son alarmantes en la región; a lo cual también le sumamos el número de masacres registradas por INDEPAZ en lo corrido del 2025.

Lo que nos lleva a exigir mayores resultados operacionales, los cuales prevengan, y anticipen la realización de todas las acciones violentas.

Según las cifras que arroja el PMU – Catatumbo, el municipio de Tibú, registra 85 homicidios entre enero y agosto de 2025, que, divididos por 63.198 habitantes, según la proyección del DANE, y multiplicados por 100.000, nos arroja una tasa de 134 homicidios por cada cien mil habitantes, lo que supera con creces la media nacional que está en 26.8

Es por ello que no estaría de más, sugerir una mayor eficiencia en el uso de los escasos recursos, con que cuentan las autoridades. La implementación de estrategias que ayuden a combatir el delito, tales como puestos de control, acciones policiales de carácter comunitario, el fortalecimiento de la inteligencia que permita la desarticulación de las estructuras criminales, y la invitación al sometimiento a la justicia a quienes hacen parte de los grupos responsables de cometer toda esta clase de crímenes. https://caracol.com.co/2025/08/30/ataque-armado-en-cucuta-dejo-tres-hombres-gravemente-heridos/

https://x.com/Indepaz/status/1951474114805342469?t=-YiTfmuea5GQyJnrCbhFXQ&s=08

Si se aplica este conjunto de medidas, naturalmente invitando al respeto por los derechos humanos, se nos haría casi imposible, predecir los efectos NOSTRADAMUS, que deja los enfrentamientos armados en la región del Catatumbo, que migran a la velocidad de la luz, ante la respuesta tortuga de las autoridades.

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