Por: Nerio Luis Mejía.

Referirse a este tema por sí solo produce escalofríos. Es tan delicado que nadie en primera persona es capaz de denunciar. Primero, ¿ante quién se denuncia? Lo segundo es la palabra del informante ante encopetados oficiales, que podrían destrozarlo jurídica o criminalmente.
La Chuzma Editorial conoció el caso de un ciudadano que, por razones de seguridad, omitiremos su nombre, quien sirvió durante varios años como informante de la inteligencia militar colombiana. A través del chantaje, asegura la fuente, fue obligado a cumplir la misión de infiltración en una estructura de la extinta guerrilla de las FARC, a quien le prometieron el pago de una jugosa recompensa si la información que suministraba era veraz y daban con el objetivo. Tras una serie de ofrecimientos, como estabilidad laboral y protección fuera del país, el entrevistado asegura que «todo eso fue una mentira».
El entrevistado toma un respiro y prosigue a contar su amarga experiencia: «Hoy, vencido por la adversidad y acusado por mi conciencia, por no haber tenido el valor en su momento y preferir la muerte antes que el chantaje de la inteligencia militar, me refugio en mi propio silencio, ese que me ha servido de ángel protector y no terminar como muchos otros, que corrieron la oscura suerte que a mí me ha tocado vivir».
Esta historia nos hace recordar al sonado caso de Otto Daniel Aponte Vásquez, un valeroso hombre que fue reclutado a través del mismo modus operandi. De informantes, los convirtieron en agentes de inteligencia, cumpliendo con los roles propios de quienes les correspondían esas delicadas misiones. Sin embargo, después de dar resultados positivos, terminaron estafados, amenazados y, en el peor de los casos, muertos en extrañas circunstancias, como le ocurrió a Otto Aponte, quien fue asesinado al interior de un bus de la empresa Copetran que cubría la ruta Bogotá-Barranquilla el 18 de agosto de 2023. Hasta el momento, se desconocen los móviles y autores de este crimen.
Pensaría uno que, con la llegada de Gustavo Petro a la presidencia de la República de Colombia, muchas cosas iban a cambiar. Sin embargo, nada ha cambiado; las cosas siguen igual o quizás peor. En los últimos meses, se han conocido testimonios de personas que suministraron información sobre objetivos de interés para los organismos de seguridad del Estado, pero que terminaron sumándose a esa larga lista de tragedias, engaños y promesas incumplidas.
Esto ha llevado a la pérdida de credibilidad de los ciudadanos ante las instituciones, rompiendo ese delgado hilo entre la confianza que debería existir entre quienes están obligados a cumplir con la protección de la ciudadanía y aquellos que conocen la existencia de situaciones que amenazan el orden constitucional, pero que jamás se atreverán a denunciar por lo que esto podría acarrear para sus vidas.
Son muchos los testimonios que se han conocido sobre estos temas tan delicados, que comprometen la seguridad individual y hasta amenazan la integridad de la nación. El poder económico que acumulan las estructuras del crimen organizado les permite comprar la información a los mismos integrantes de la fuerza pública para que delaten a quienes los denunciaron.
A través de una extensa investigación, conocimos el caso de dos jóvenes que tomaron la decisión de desertar de un grupo ilegal y acogerse al programa de desmovilización que ofrece el gobierno nacional. Estos jóvenes denuncian los desórdenes al interior de los centros de acogida para los desmovilizados, que van desde el consumo de drogas ilícitas hasta el incumplimiento de las promesas de recibir una recompensa por la información y estrecha colaboración que prestaron a las autoridades.
Estos casos sobre el oscuro y engañoso mundo de las recompensas no son nada nuevo ni exclusivos de este gobierno. Ya se habían presentado en anteriores administraciones. Es por ello que exhortamos, a través de esta nota periodística, a las autoridades para que tomen cartas en el asunto y le hagan un riguroso seguimiento a los gastos reservados del Estado destinados para estos programas de recompensas.



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