MARIEL Y EL CAPITÁN

Por: S.C. Ruiz

Las singularidades del agua son impredecibles, en altamar nada es lo que parece; especialmente cuando las noches son un espejo entre lo que esta y no está sobre el mar. Me llevo a pensar los imposibles pasajes del desamor y de la locura, en donde el uno se encuentra por elección diaria y el otro por convicción del ser. Si es posible de creer, hasta vi a Dios en las hamacas tomando un descanso, me dijo preocupado, que se había perdido en su inmensidad, hasta el punto de olvidar que debería estar entre estrellas, escuchando a esta pobre humanidad.

Todo lo digo, porque una vez fui joven, tome este destino porque quería descubrir la inmensidad azul de este océano; ahora soy más viejo, creo que mi amor por zarpar era mayor a mi decisión de huir. Porque mi elección estuvo desprovista de convicción al final, de no verme a los ojos, para de pronto sentir mi propio pecho.

Entonces me embarque en una aventura tan grande que me pasaba por, sobre todo, de espíritu y cuerpo; bestias marinas, grandes tempestades, islas asesinas y piratas caníbales. Al final mi mayor temor fue volver, ahora que estoy en tierra nuevamente, puedo ver la puerta que fue mi puerta, las ventanas que vieron mi sol, las paredes que fueron mi protección y donde las sonrisas revolotearon.

No pude abrir la puerta, no eran las mismas llaves; toque como es debido y pregunte por ella. Cuando abrieron, vi un rostro similar, pero mucho más joven. Supe que debía preguntar por nombre de pila y apellidos por ella. Ya no vivía ahí, estaba lejos con su esposo, en una ciudad que no le recordara al mar. Nada fue igual, ahora que la convicción me llego, tengo la total certeza de que quisiera por elección haber dicho tanto que no pude de corazón. Pero era lo que deseaba, es lo que soy; ahora el mar me espera y esta carta ya no será necesaria…

Cuento dedicado a Charly García y Nito Mestre

Por su espectacular álbum en vivo, “Adiós Sui Generis”

Motor de este cuento corto.

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