RECONOCER NUESTRAS HERIDAS

Por: Ximena Rincón

Reconocer que somos personas con muchas heridas y grietas es un proceso complicado porque normalizamos todas nuestras actitudes y asumimos que todo lo que nos pasa en nuestra vida es normal. Nunca nos detenemos a pensar por qué reaccionamos ante una situación de manera negativa o por qué nos cuesta tanto socializar con las demás personas, o incluso por qué nos molestan algunas actitudes. Son cosas que las personas han denominado con el famoso dicho «eso no era para tanto». De ahí se van creando esas heridas que se clavan en nuestra mente y corazón, donde llegan a un punto que se refleja en nuestras acciones y actitudes.

Desde ahí inician nuestras batallas mentales, donde nos preguntamos un «por qué» o donde empezamos a hacernos miles de interrogantes intentando buscar respuesta al acto sucedido. Ahí es donde empiezan nuestras aflicciones, y todo eso va creando una grieta más grande que cada día nos marca la vida.

Un paso para reconocer nuestras heridas es aceptar que fuimos personas dañadas y que, por ende, debemos perdonar, no solo a la persona que nos hizo daño, sino a nosotros mismos. Siento que es un paso fundamental para desprendernos de todas las heridas y aprender a cicatrizar cada una de ellas. Son etapas difíciles, sí, pero son las mejores etapas que podrás experimentar, porque ahí conoces todo el daño que has cargado por años y quizás tú ni sabías todo lo que esa situación había causado en tu vida.

Quizás tú lo asociabas con decir «es que esa es mi forma de ser», pero en realidad no era tu forma de ser, era esa armadura que habías creado para estar protegida de todo el daño causado. Esas armaduras se convierten en esos momentos en nuestras mejores amigas, porque cada vez que sucede algo similar corremos a buscarlas para protegernos y no sentir lo mismo que sentimos la primera vez. Y ahí es donde cometemos el error y permitimos que esa grieta siga creciendo, porque no somos capaces de reconocer, perdonar y dejar atrás esas acciones o palabras que tanto nos lastimaron.

Hoy te digo que perdonar no es de débiles, es de valientes. Con ese acto liberas tu vida y puedes iniciar de cero con la vida que realmente mereces.

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