NATURALEZA EN NUESTRAS MANOS – ZOOLÓGICOS: ¿AMIGOS O ENEMIGOS DE LA VIDA SILVESTRE? UNA REFLEXIÓN TRAS LOS RECIENTES DECESOS EN ZOOLÓGICOS COLOMBIANOS

Por: Nazly Duran

El fallecimiento de un puma (Puma con color) en el Zoológico de Cali el pasado 28 de febrero, seguido por la reciente muerte de una tigresa de Bengala (Panthera Tigris), me impulsa a escribir estas líneas. Estos lamentables sucesos no son casos aislados. Recordemos que, en julio de 2023, en el parque Ukumarí, un chimpancé (Pan troglodytes) logró escapar de su recinto, terminando también en un desenlace trágico. Estos incidentes, además de dolorosos, son poco representativos del compromiso que los zoológicos y bio parques tienen con la seguridad animal. Aunque sus instalaciones están diseñadas para prevenir emergencias —los llamados “códigos rojos”—, no están exentas de que el instinto, la inteligencia o incluso conflictos entre ejemplares superen las barreras físicas.

Todo este revuelo envuelto en comentarios en redes sociales sobre “maltrato animal” y “asesinos de animales” me incita a responderles la pregunta: ¿son los zoológicos amigos o enemigos de los animales? ¿Buscan lucrarse con los animales o la conservación de estos?

Es crucial entender que los zoológicos deben cumplir rigurosos estándares internacionales, como los establecidos por la World Association of Zoos and Aquariums (WAZA) y la Asociación Latinoamericana de Parques Zoológicos y Acuarios (ALPZA). Estas entidades exigen acreditaciones que garantizan el bienestar animal, la participación en programas de conservación y reproducción, y el compromiso ético con especies en peligro de extinción. Gracias a estas entidades y al compromiso de los profesionales que allí laboran, los zoológicos no son “vitrinas de exhibición”, “cárceles de animales” o “maltratadores de la vida silvestre”, pues cumplen funciones vitales para la biodiversidad, entre ellas:

  • Conservación y reproducción de especies amenazadas
  • Educación ambiental para el público
  • Rehabilitación y reintroducción de fauna silvestre
  • Investigación científica
  • Protección de hábitats naturales
  • Enriquecimiento ambiental y bienestar animal

Como profesional que ha tenido la oportunidad de realizar prácticas en estas instituciones, y como defensora del bienestar animal, puedo afirmar con certeza que quienes califican a los zoológicos como “cárceles” están profundamente equivocados. En estos espacios se desarrollan actividades de medicina preventiva y curativa, entrenamiento, rehabilitación, educación, conservación, diseño de hábitats y preparación de dietas específicas para cada especie, buscando siempre replicar —en la medida de lo posible— las condiciones de su entorno natural.

Si bien es cierto que algunos zoológicos enfrentan limitaciones de espacio, pero también es justo reconocer los esfuerzos que realizan para ampliar sus instalaciones y mejorar sus condiciones, muchas veces frenados por la falta de recursos económicos. Más que atacar a los zoológicos, deberíamos enfocar nuestra indignación en el verdadero enemigo: el tráfico ilegal de fauna silvestre. Muchos de los animales que llegan a estos centros son víctimas de comercio ilegal, y es precisamente allí donde encuentran una segunda oportunidad. Por eso, no debemos comprar animales silvestres, ni siquiera con la intención de “rescatarlos” o “darles una mejor vida en casa”. La vida silvestre debe permanecer en su hábitat, libre y respetada.

Los invito a visitar su zoológico local —si tienen la fortuna de contar con uno—, a apoyar sus causas de conservación, a denunciar el tráfico de fauna, y a reconocer su labor con criterio científico y ético. Seamos naturaleza viva, y permitamos que la naturaleza viva con la misma dignidad que todos merecemos.

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