A TRAVÉS DE SUS RECUERDOS

Por: Linda Villamizar

Variedad de fotografías almacenadas en mi teléfono de personas recordándome, aún con la ausencia que he tenido en sus vidas recientemente, haciéndome ver que en sus pensamientos estoy cuando observan algo que es de mi profundo agrado. Tengo así fotografías del cielo inmenso, infinitamente hermoso; el atardecer y su mensaje para mi propia interpretación: que por este día las preocupaciones han terminado, y que resurgirá el sol nuevamente en el cielo para proclamar que tenemos una nueva oportunidad de hacerlo mejor, de ser mejor, de amar mejor, de estar. Fotografías de la luna, aquella con la que solemos dialogar silenciosamente, con la que nos cuestionamos aquel amor que no se procuró, los errores que no hubieran existido si fuéramos más leales a nuestro ser, a nuestra identidad. Esa luna que refleja aquel corazón herido por nuestra intención de haber correspondido sin reconocer nuestras limitantes, esa herida profunda que solemos guardar para no mostrarnos tan vulnerables.

Estas personas, con sus fotografías, abrazan mi corazón y mi alma. Me provoca ternura el recuerdo que tienen de mí, y también las ideas que suelen crear, unas tantas que no me imaginaría si ellos no me las dijeran. Es admirable cómo en sus memorias hay una versión de mí que no dañan, aun cuando han visto mis sombras, mis matices, mis no tan claros sentimientos, mi a veces tan marcada soledad, esa que desea demostrar que he podido sola y que aún lo seguiré haciendo.

A través de sus recuerdos puedo verme. Pareciera que mi memoria olvidara el carisma, la luz, la sonrisa, el encanto del vivir y lo que suelo decir: que estar hoy aquí, respirando, es un milagro. Que llevar nuestra mano al pecho y sentir cómo el corazón palpita es ya un regalo, que los latidos de nuestros seres queridos son testimonio de la magia de la vida. Son sus memorias las que me salvan; bendita la vida por mantenerlos en la mía.

Me recuerdan que existen otros lugares que no he conocido, paisajes que no he caminado y que ellos han capturado por mí, imaginándome en esos sitios. Me enseñan la existencia de personas que aún no he apreciado y que seguramente disfrutaría de conocer; las canciones que no he escuchado, el arte que no he admirado, las películas o series que no he visto, los espacios que no he visitado, y al tenerme en sus recuerdos, ahora puedo considerar.

Hoy tengo la certeza de que todas las heridas que se me generaron tiempo atrás, en el presente están siendo abrazadas por aquellos que, aun sin conocer toda mi historia, deciden elegirme. Esa gratitud de verme a través de sus recuerdos, de sus fotografías, de sus mensajes, es inmensa. Esa sensación de dicha y fortuna por tenerles en mi vida es inconmensurable.

Por eso, cuando despierto, mi mayor proyecto no es solo habitar sus memorias: es aprender a vivir más en sus presentes, a compartir palabras, compartir silencios. En sus recuerdos aún vive mi esencia y me recuerdan quién soy; es justo, por ellos y por mí, traerla de vuelta. Al final, son sus memorias las que me salvan, y es el presente compartido lo que da sentido al milagro de la vida, aquí y ahora.

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