Por: Danny Herrera
Hay momentos que parecen pequeños
pero contigo se vuelven eternos.
Un gesto tuyo, una risa, es nuestra complicidad,
el roce de tu mano con la mía
queda grabado en mi memoria
como si fuera un tesoro invaluable.
Nunca más retornaremos a ser
tan jóvenes como lo somos hoy
y quiero que siempre lo vivamos juntos,
sin obstáculos, sin presencias que intenten ocupar
un lugar que nunca les pertenece,
El tiempo avanza,
y no pienso perderlo
como sombras que se cruzan en el camino.
Prefiero gastarlo en tu risa,
en tus suaves y cálidas manos,
es esa paz que encuentro
cuando el mundo entero se queda afuera.
Lo nuestro es mas allá de lo simple,
es fuerte,
no necesita explicarse.
Está en cada paso compartido,
en cada silencio que entendemos,
en cada ruido que nos resuena,
en cada instante donde basta mirarnos
para saber que somos verdad.
Que lo que nos queda
sea solo nuestro, solo de nosotros,
limpio, intocable,
hecho de abrazos largos
y de certezas suaves.
Que nadie pueda entrar aquí,
porque este espacio lleva tu nombre
y el mío,
y en él caben únicamente
dos corazones que eligieron
vivir sin miedo.
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