Pocos hablan del dolor que se siente cuando te despides de tu hermana, sin saber cuándo le vuelves a dar un abrazo o sentir nuevamente su aroma. Pocos hablan de esas despedidas de hermanas, donde sientes el corazón partido, pero aún así le tienes que dar ánimo para que continúe y siga luchando por sus sueños. Son las despedidas más dolorosas, porque sientes que se va una parte de ti, sientes que el mundo se paraliza por un momento y llegan a tu mente miles de recuerdos, los cuales invaden tus ojos de lágrimas y crean un nudo en la garganta.
Todo eso lo sentí yo, hermana, pero hoy solo te quiero decir que cuando sientas que tu mundo se derrumba, te invito al mío para que ambas lo construyamos de nuevo. Cuando sientas que no hay fuerzas para continuar, te regalaré mis brazos sin pedirte explicaciones. Cuando te sientas sola, solo recuerda que me tienes a mí, aunque nos separen miles de kilómetros. Cuando te sientas confundida, siempre estaré para recordarte que la vida se trata de eso y para ayudarte a tomar la mejor decisión.
Cuando sientas que tu corazón se hace pequeño y tus ojos se llenen de lágrimas, siempre estaré para secar cada una de tus lágrimas, sin importar cuán dolorosas sean. Cuando sientas que vas por el lugar equivocado, siempre estaré para ayudarte y orientarte. Quiero que sepas que no estás sola en este proceso, que siempre voy a estar para escucharte y darte ánimos cuando el mundo te dé miles de aprendizajes que, al final, son solo eso, aprendizajes que pueden parecer dolorosos y confusos, pero que en realidad solo son un pequeño escalón para convertirte en esa super-persona que, de hecho, ya lo eres.
De ti aprendí a luchar por los sueños, aprendí a arriesgarme y a hacer lo que me hace feliz. Hermana, solo recuerda que te amo y que me siento muy, pero muy orgullosa de ti, que anhelo el día en que nos volvamos a dar un abrazo y en que nuestras manos se vuelvan a unir.
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