Por: Nerio Luis Mejía.

En memoria al legado que deja uno de los mas grandes exponentes de la justicia social en el continente, Pepe Mujica, el que militó en un movimiento insurgente, movido por la convicción que, a través del sacrificio, es posible que la humanidad hagamos de este mundo, un lugar con espacios para todos.
El 13 de mayo de 2025, el mundo despidió al queridísimo y recordado José Mujica, a quien cariñosamente se le conoció como “Pepe Mujica”.
Más que un anciano para los latinoamericanos, muchos lo consideramos el gran consejero, el viejo sabio que conocía con una profundidad única, a nuestra américa latina. El hombre que, desde el sufrimiento padecido, resistió dictaduras, y enfrentó con decoro las tentaciones que ofrece el poder desde los distintos escenarios, especialmente el político.
A pepe no solo le temían, quienes contrarían las ideas de una sociedad más justa, y posible en nuestra sufrida américa. En Colombia su figura fue acogida por quienes, desde el fondo de su corazón, alimentado por la sed del pensamiento, sueñan en construir un país con posibilidades para todos, siendo el sector campesino, que siempre vio en su inquebrantable lucha, una luz de esperanza en el oscuro mundo del abandono estatal, y la violencia política, que marcha a toda prisa en una desesperada carrera por arrebatarnos hasta los sueños.
El adiós a Pepe Mujica, fue también una señal de despedida y un despertar de conciencia ante quienes hablan de la justicia social impuesta a través del miedo que producen las armas. Esos que hablan del compañerismo, y a la vez, se convierten en verdugos de comunidades enteras. Los mismos que referencian a grandes exponentes del pensamiento libre como Mujica, y tratan de emular equívocamente a Simón Bolívar, al Che Guevara, y que con descaro citan las inmortales letras de Eduardo Galeano en las Venas Abiertas de América Latina. Con la partida de José Mujica, quedaron al descubierto, ya que sus acciones en nada se comparan con las de Pepe, y demás figuras libertarias de nuestra américa india.
El adiós al último compa, es un acto de pureza y la unidad de medida que nos permite identificar, quien puede hablar del legado de Mujica, en estos convulsionados tiempos. Sobran quienes de labios para fuera predican las ideas de Pepe, pero que, con la gramera en mano, y pistola en el cinto, demuestran donde residen sus intereses. Aunque José Mujica no se cuente en este mundo de los vivos, su pensamiento seguirá improfanable, y fielmente protegido por quienes de corazón continúan su legado.
Sus últimas frases premonitorias “Me estoy muriendo y el guerrero tiene derecho a su descanso”, se interpreta como una señal que la muerte no es el límite definitivo para quienes han entregado sus vidas, al servicio de la humanidad, y que el descanso merecido de pepe, es lo que atormenta a quienes se ocultan detrás de la avaricia perseguidos por sus propios miedos.
Difícilmente, alguien pueda hablar con tanta razón, con tanta experiencia vivida, y recogida, a lo largo de los años, como lo hizo Pepe. Su lucha nació en lo más profundo de su alma, las semillas de libertad que regó por todo el continente, aún sin germinar están, quizás en espera de un nuevo despertar, para lograr entender que la partida de Mujica, fue solo un adiós al último compa.

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