Por: Nerio Luis Mejía.

El 28 de julio de 2025, los colombianos fuimos testigos del nacimiento de una nueva efeméride. Ese día, catalogado como histórico, no solo a nivel nacional, lo fue también a nivel internacional. Los ojos del mundo se centraban en Colombia, ya que, en el mayor complejo judicial del país, se decidía sobre la suerte jurídica del hombre que ha despertado toda clase de opiniones en nuestra nación.
Álvaro Uribe Vélez, el político antioqueño de 73 años de edad, el hoy dos veces expresidente de la República de Colombia, exgobernador de Antioquia, exsenador de la República y exconcejal de la ciudad de Medellín, se enfrentaba a la justicia por los delitos de fraude procesal, soborno en actuación penal y soborno simple. En los dos primeros delitos fue declarado culpable, y absuelto en este último, por parte de la jueza 44 penal, Sandra Liliana Heredia. Sin lugar a dudas, fue un juicio histórico en nuestro país. Tras casi 11 horas de lectura del fallo, una valiente togada, que no le temblaba la mano al sostener la tablet que contenía los mil folios, los leyó pacientemente, enfocada por las cámaras que transmitían en directo a la nación y al mundo. Es la primera vez que un expresidente en Colombia es juzgado por delitos comunes. La actuación de la jueza 44 penal, Sandra Heredia, demostró que, en materia de justicia en nuestro país, no todo está perdido, que sí existen funcionarios judiciales probos y que nadie, en nuestro sagrado suelito cafetero, está por encima de la Constitución y la Ley.
El fallo condenatorio en contra de Álvaro Uribe Vélez estuvo marcado por presiones, tanto de sus adeptos como por intromisiones injerencistas de algunos políticos estadounidenses, a las que también se sumó el secretario de Estado del país norteamericano, Marco Rubio, quien calificó de radicales a los jueces colombianos responsables de juzgar a Uribe Vélez.
Con esta decisión judicial, que será completada el próximo viernes primero de agosto de 2025, a las 02:00 p. m., donde se dará a conocer a cuántos años de prisión sentenciarán al expresidente, ha quedado demostrado que Álvaro Uribe Vélez es el barómetro con que, de ahora en adelante, se medirá la política y la justicia en Colombia. Este escenario de juicio, en contra del hombre que ostenta el mayor poder político y mediático, haya sido vencido judicialmente en primera instancia por haber participado como determinador en un entramado criminal, sería difícil de imaginar si retrocediéramos dos décadas en el tiempo, cuando el hoy condenado se consideraba un intocable de nuestra república bananera.
Sandra Heredia, la dama de hierro que sostuvo firmemente la balanza y la espada de la justicia, ha dejado muy en alto el nombre de las mujeres responsables de administrar el alma de una sociedad: “el sistema judicial”. Aquí no hubo perdedores, toda Colombia ganó. Las esperanzas volvieron a revivir, contrario a lo que muchos predecían: “que condenar a Uribe sería incendiar el país”. Nada de eso ocurrió. Los colombianos continuamos en nuestros habituales ejercicios, y, a pesar de las presiones ejercidas tanto de simpatizantes como de los detractores del expresidente Uribe, vuelve la fe en la independencia de poderes. La madurez política de los colombianos es evidente, pero quizás, con la sentencia en contra del político más relevante en la historia de Colombia, pueda inclinarse la balanza política en las elecciones del 2026.
Sea políticamente martirizado o satanizado, Álvaro Uribe Vélez continuará dando de qué hablar. La decisión judicial en su contra, en primera instancia, más que una sentencia será la unidad de medida que, de ahora en adelante, se utilice en Colombia a la hora de hablar de política y de justicia.

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